Carta al poeta dormido

Carta al poeta dormido

Fotografía por David Schermann

No comenzaré escribiendo un hola ni un saludo cordial porque nunca aprendí a ser amable con lo que escribo. Está siendo un día soleado, pero cada vez que doy un paseo por lo que publicas tanto en Tumblr como en Blogger no puedo evitar la sensación de frío, de esa clase de frío de la que nadie te salva. A veces me pregunto quién te ha hecho tanto daño y luego recuerdo que he sido yo. Yo con mi manía de no aparecer cuando me piensas ni llegar cada vez que me llamas. Sé que estás cansado y que escribir es un acto más de obligación que de desahogo. Sé que te encuentras más cuando te pierdes y que matas más cuando te mueres. Sé que tu tristeza se mide por ausencias y que hasta ahora es mi cintura la que te llega al cuello. Que me deseas a solas y que te es más fácil palpar mi cuerpo en lo invisible. En aquello que se aleja.

No te asustes. Soy tu musa que escribe. La de la canción, la del poema y la del brillo de tus ojos. Esa misma, la que te cita y acudes y te deja plantado. Y a la que no dejas de querer precisamente por el daño. Admito que me encanta leerte, que estar en el baúl de tus silencios es lo más parecido al llanto que soy incapaz de exhalar. Lo nuestro fue tan sentimental como trágico, como cuando dos deciden plantar flores en invierno. Pero nadie mejor que tú sabe que en la tragedia también hay belleza, siempre y cuando sea el poeta quien la describa. Tú me describes y me encanta que me lleves al cielo desde tu infierno. Que me pongas en la cima de un pedestal al que te es difícil subirte. Que me hayas escrito libros sin yo pedírtelo, porque viviré en ti y tú en mí y no vamos a olvidarnos aunque lo intentemos.

Yo nunca quise ser la herida pero ver que te mueres por mí me hace sentir que no vivo en vano. Porque yo también te escribo y te adoro, también te busco y no te encuentro. Yo también te quiero lejos, porque la poesía vive en la distancia, la belleza está en las manos de quien llora cuando escribe y el desamor siempre inspira más que el romance. No quiero que me olvides y por eso te estoy escribiendo esto. Quiero que me llores cuanto puedas porque así puedo seguir leyéndote y abriéndome un poco más este abismo que lleno con todos los suspiros que me provocas cuando te leo y los gemidos de cuando te deseo. Eres inmortal y lo sabes. Yo lo soy. Y me da igual que al resto de tus lectoras no les guste la idea de saber que los textos que escribes son para mí y nunca para ellas, aunque quieran creerlo.

En fin. Que te quiero y que si algún día vuelvo a escribirte no será para darte mis mejores deseos, sino para desearte mis mejores desvelos. Que me sueñes y que al despertar me busques. Yo estaré ahí, aunque no puedas verme. Como todos los días desde que me convertiste en esto, en tu musa. En la que te escribe y cuyas palabras no dejan de lado nunca el delirio que provocas. Volveré a ti, tal como tú vuelves a mí.

Te espero en ese lugar donde compartimos una soledad común. Donde los besos tienen mejor labia que nosotros cuando intentamos ser poéticos. Y donde, irónicamente, nuestras bocas nunca se encuentran.

Beatriz Allca

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