María solía llamarme osito, pero ahora quiere dejarme. Ya no me veía como antes. Supe
que había pasado algo cuando llegó el nuevo. Había visto reflejada la alegría en sus ojos cada vez
que lo abrazaba, la misma alegría con la que me abrazaba a mí en el pasado. Para ella no éramos
más que juguetes.
Supongo que fue ese pensamiento lo que me hizo odiarla. Yo no era un simple peluche.
Era su mejor amigo. Por eso, mientras dormía, la asfixié con la almohada. Ya nunca volvería a
abandonarme por Mr. Potato.
Noemí Hernández Muñoz




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