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Hablemos de esperanza
de cinco a diez minutos,
de miradas a contornos
con una copa de certeza,
y sin nada de vergüenza.
Que tu invierno se calle
y tu calor se destape.
Que hoy sientas las ganas de besarme
y morderme las edades,
que tu invierno se calme
y tu calor se encariñe en un cristal de mi acento.
Hablemos tan de cerca,
tan pegados y sin pena,
que nuestras edades converjan
y el tiempo se apiade.
Que hoy el cuerpo sea uno,
que tus manos encajen en mi espalda
y mi pecho en tus senos,
que mi sombra se desnude en tu destello
y tu luna en mi manera de quererte,
que tu boca se agriete de apoco
descansando tímidamente en mi esbozo.
Que nos queramos por cada muerte distorsionada,
por cada herida asustada,
por cada primavera sencilla.
Que tú seas a manera de desierto,
a manera de tus ganas,
la mujer que en mis recuerdos se engancha,
la que en mis sueños repetidos me llama a su cama,
la que en mis suspiros de papel profundiza en mi alma,
y es que alguna vez coincidí contigo,
con tu ardiente lucero, y tú aún no me llamabas.
Hablemos de que hoy será algo nuevo,
volvamos a ser la libertad con piernas felices
entre risas o llantos, con un ritmo de descanso,
pero volvamos a detenernos y a apreciarnos las manos.
Jesús Gómez




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