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Querida:
Tengo la impresión de que me han cortado las alas.
No te llamaría nostalgia pero tengo tantas ganas de escucharte
que te llamaría y te llamaría y te llamaría.
Me haría amigo íntimo de la señorita de tu contestador
al fin y al cabo tiene voz de no haber follado en seis meses.
Exactamente como yo.
Seis meses, ciento ochenta días,
te lo podría decir en lunes
pero te parecerían pocos.
Siempre tuviste esa horrible costumbre
de medir las cosas en cifras en lugar de en palabras.
Para ti un día sólo es un día,
en cambio para mí significa tristeza.
Dos ausencia.
Diez fracaso.
Noventa odio.
El odio no se puede multiplicar
y es indivisible.
Se parece al infinito pero con más ceros.
Volar es ese verbo que sólo se conjuga en tus manos.
A eso me refiero.
Lo más cerca que estoy de levantar los pies del suelo
es por la señorita Ingrid.
Ya sabes, la rubia esa de bote que funde las farolas
de la plaza para distorsionar su belleza.
Cuando paso me silba como si fuera un perro;
tengo la impresión de que alguna vez
me ha escuchado ladrar tu nombre
y sabe lo que me gusta.
La hipocondría, querida,
me sigue impidiendo arrodillarme ante una mujer cualquiera.
Y cualquiera no es una mujer
si no eres tú.
Ayer doña Encarnita me preguntó por ti,
que le habías dejado un paraguas
y quería devolvértelo.
En pleno agosto, la cabrona,
Ya sabes ese modo sutil que tienen la señoras de barrio
de informarse de los desastres.
—Volverá con la próxima tormenta —le dije aprovechando el tema.
Ella, sin dejar de mirar el cielo, ha soltado sin clemencia:
—Va a tardar mucho entonces.
Ni siquiera hablábamos de la misma forma de llover.
Así que he asentido con la cabeza.
Ella no tiene ni idea de cuántos sinónimos
puede tener la lluvia si yo te beso.
¿Sabes esa sensación de estar soñando que te caes
y despertarte de golpe?
Pues es eso lo que me ocurre sin ti,
que no dejo de caerme,
con la diferencia que al despertar la caída no cesa.
Y perder el equilibrio no es lo mismo que volar,
supongo que en eso sí estamos de acuerdo.
Lo más absurdo que he hecho en este tiempo
ha sido coger tus zapatos rojos con las manos
y hacer ruido en el suelo como si volvieras.
Te cuento esto para que entiendas
que lo que vuelve loco a un hombre
no es el amor, si no la esperanza.
Que es mejor un hasta nunca
que cualquier a lo mejor.
Que prefiero un no te amo
que me rompa en mil pedazos
que el cariño en mil pedazos
que aún me ofreces sin amarme.
Me decía Lucía antes de ponerme la tercera copa
que si a dos personas que se aman, un metro
no les parece demasiado,
cien kilómetros les resultan imposibles.
Que el amor a distancia
es como follar por teléfono
puede haber placer pero es propio.
Y cuando el amor es propio
el desamor es siempre.
Luego caminó hasta otro cliente
moviendo el culo de tal forma
que casi me olvido de ti
y alzo el vuelo.
Pero para qué vamos a negarlo,
sigo siendo un pájaro enjaulado a tu cintura.
Espero que tengas frío por las noches
y hambre por las mañanas.
Que nadie encuentre el lugar exacto de tu piel
donde tu espalda se dobla hasta que cabes
en el futuro de un hombre.
Que mi nombre se te escape
cuando te coman el coño,
que no te falte el aliento
cuando te muerdan los labios
y no halles diferencia
entre suspiro y bostezo.
Espero que sean tus manos
las que recuerden que existo
mientras me buscas a oscuras
en una cama vacía.
Que seas tan feliz que te duela
si recuerdas mi tristeza,
que estés tan bonita que odies
que te lo cuente un espejo
y eches de menos mi lengua
describiéndote por dentro.
Espero que cumplas tu sueños,
que no rompas más promesas,
que se amontonen caprichos.
Que aquello que señales con el índice siga siendo tuyo,
que no te cortes el pelo,
ni te cambies de perfume,
que sigas llamando destino
al mayor de tus errores.
Espero que no me olvides mientras lo intentas,
que no puedas recordarme si de verdad lo necesitas
que nunca más me encuentres mientras te busco,
que nunca más me busques si no te espero.
Al fin y al cabo, querida,
volar está sobrevalorado si no es contigo.
Pd: si no recuerdas cómo se aterriza
ponte el vestido verde
el que se levantaba en dos suspiros
es el modo más sensato que conozco
de tener el cielo a tus pies.
Y seguir flotando.
Ernesto Pérez Vallejo




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