Una bailarina en mi mundo

Una bailarina en mi mundo


No me había dado cuenta de que en todo este tiempo no me podía permitir estar triste si algo me salía mal: un examen reprobado, un mal día en el trabajo o una pelea familiar.

Nada me ponía verdaderamente mal porque en cuanto miraba sus ojos todo se desaparecía y encontraba la solución a cualquier cosa.

Hace dos meses y tres días que se fue y, aunque se marchó con la promesa de volver, es difícil no hallar soluciones en los ojos de personas a quienes no les importas lo suficiente. Ahora de verdad que estoy triste, a ratos o durante días y no puedo evitarlo, la nostalgia es como una bailarina que va pisando mi sombra y se mete a la cama conmigo cuando el sol se va a dormir.

Le extraño tanto que el día que regrese seré yo quien baile encima de mi bailarina.

Chantal Armenta

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