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Hay días que están llenos de sonrisas, y otros, en los que nos perdemos y no sabemos cómo regresar del todo. Miras al cielo y, de repente, te encuentras con que no es el mismo cielo que has estado mirando desde hace tiempo, que tiene colores más bonitos, que los grises se están opacando y las nubes tienen muchas formas, que no habías percato.
Y entonces entiendes, que para ser feliz no todo tiene que ser perfecto, porque las imperfecciones se aman, y cuando es así (cuando aman tus imperfecciones) te sientes libre de volar hacia cualquier lugar: hacia sus brazos, por ejemplo.
Bueno, quería decirles que con ella aprendí a ser feliz, de eso se trata. De que cuando la miré a primera vista me pareció ver un ángel que iluminaba (también) mi camino y que sólo con una sonrisa supo conquistar mi corazón. Y pensé qué rara pero hermosa manera de perder la razón.
De ser naufrago constante de un cuerpo, poco a poco. De mirar atreves de sus ojos y sentir que sí, que hay alguna conexión que atraen nuestras bocas y una fuerza inexplicable que unen nuestros cuerpos.
Hay días que están llenos de ella, y otros, en los que nos perdemos y no volvemos por completo, pero que al final, nos atrevemos a querernos tal y cómo estamos: con ganas de ser felices sin importar lo rotos, esparcidos o incompletos que estemos.
David Ruiz




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