![]() |
| Fotografía por: André Josselin |
hazme sonar como una canción
o una vocal en tu lengua;
hazme de todo,
menos olvido.»
Sé de una parvada de miedos
que busca mi saco,
de una mariposa dolosa que busca
la corriente excitada de mis dedos
y de un gato vaporoso que busca
algo de mi nación inquieta.
Sé de un aguijón amorfo
que toca toda mi locura
y me gusta esa idea
de canciones que hablen de ti
a la antigua.
Sé de ti
como si leyera un libro
de poemas.
Sé que hay una antología
de tus lunares,
de tus caprichos,
de tu sonrisa romántica
porque yo mismo te escribo.
Porque si existen mis suspiros,
existes tú;
porque si existen las letras de zafiro,
existes tú;
porque si me muero de ganas,
tú con más ganas existes;
porque si miro que el cielo se extiende,
te extiendes por mi pulso.
Pero la vida tiene tantas mareas
y tormentas ambiciosas
como un pájaro encerrado,
envuelto en cien jerarcas.
Que hoy, con siete costuras
en mis orgasmos
me voy en dirección opuesta
apostando por ti.
No me atrevo
a soñar un día sin ti,
no me atrevo a no beberte en el
silencio de mi cuerpo.
Me da frío la soledad,
se me caen las ventanas
y pierdo la luz,
las palomas de mi techo
Ese dilema de que un día te vas
y al siguiente te beso,
me mata después de cien versos.
Es un libreto milagrero
lo que pasa ahora y enseña
con algo austero que me consume
cuando me siento el ciego
de las cien flores en las calles.
Si le doy mis manos y permiso
me toma sólo de los miedos
como un poliedro utópico
Cuánto mal me provoca
que te marchites,
que vas dejando tus colores,
quién sabe en qué ojos
que hacen rima con tu boca
sin endeudarse con tu himno
Yo no sé qué guitarra
suena allá afuera,
si está afinada su marcha
o si disfruta del sexo.
Yo qué sabré de tu ímpetu
allá en los zapatos de otros
si comes bien el recuerdo
o alguien te los quita.
Qué sabré yo si duermes desnuda
o si alguien te encadena con sus falacias;
no habrá en mi mente el hecho de que sueñas
o si alguien te vacía detrás de las ventanas.
¿Qué pecho será mi morada?
¿A quién le cuento mis cuentos?
¿Qué besaré?
Nada más que fantasmas,
sin calcetas,
frustrados
en plena pena;
un tanto peores que yo,
enamorados.
¿Qué besarás?
Nada más que sordos
que te ignoran y se leñan,
ciegos que no saben tocar
la poesía de tu sastre,
idiotas que desesperados
te roban la intimidad de tu piel.
Lo siento tanto por mí.
Te amo tanto que huyo de mi espacio.
Lo siento tanto,
tan profundo en mis ojeras
que no te recites en mis labios,
que por las noches se oigan
mil voces de señoras tercas,
menos la tuya.
Y antes de que termine,
antes de que mi garganta se seque,
antes de que el telón de terciopelo rojo se cierre
y el libreto se desnude sin nuestra voz,
hazme de todo,
menos olvido.
Jesús Gómez




0 Comentarios