![]() |
| Fuente de imagen |
Te conocí rota, en pedazos, había sólo ruinas como resultado del paso de una tormenta que se lleva todo lo bonito a su paso y sólo deja un desastre, destrucción y devastación.
Tu mirada era triste y vacía, tus manos frías quemaban de sólo tocarte, usabas una sonrisa fingida que muchos creyeron ser verdadera porque no te conocían.
Tu mente estaba en otro mundo. No lo dudé ni un segundo y fui por una nave, una que me llevara hasta donde estabas y cuando creía te había encontrado, sólo era un lugar vacío que ya habías dejado y mi búsqueda comenzaba de nuevo.
Te sentía y veía cada vez más sola, sin ánimos ni fuerzas para seguir y aunque muchas veces me pediste que me marchara, siempre hice caso omiso a tan absurda propuesta. Sabía que si lo hacía, era abandonarte como muchos ya lo habían hecho.
Te creaste una armadura inminente para no ser lastimada nuevamente y alejabas a todo aquel que intentaba acercarse. Ni cien imperios romanos ni el más grande de los gigantes podrían burlar el escudo que te protegía. Con sólo un movimiento que hicieras no quedaría nada de pie, tienes el poder de acabar con todo usando solamente la mirada.
Y ahí estaba yo, luchando, peleando, dando todo de mí para conseguirte, perdí batallas pero no me rendí, sabía que no había perdido la guerra. Continuaba luchando, peleando con los mil y un demonios que habían en tu mente, con recuerdos del pasado que se apoderaban del presente y hacían más complicada la vida, pero no me rendía y seguía.
Seguía porque te quería, porque sabía que todo el esfuerzo no iba a ser en vano, porque creía que detrás de esa sonrisa fingida, esa mirada triste y vacía, había una mujer increíble que necesitaba mi compañía.
Eras frío y fuego, a veces agua y otras viento, libre, pero con recuerdos del pasado que te anclaban a la tierra y no te permitían volar muy alto. Eras oscuridad, otras veces luz, como el día y la noche, marcando vidas y robando sonrisas. Construyendo y destruyendo pero siempre dejando un bonito recuerdo a tu paso.
Tus cicatrices eran notorias y aunque intentabas maquillarlas, dolían un poco más cada día. Conforme fue pasando el tiempo pude colarme por una grieta y logré llegar hasta a ti, ahí me mantuve firme, sin dar un paso atrás; sabía que si lo hacía era retroceder al inicio de todo. Cada vez estaba más cerca de ti y era increíble, se sentía estar en otro mundo, no se sentía real, pensaba que era un sueño y no quería despertar.
Debo decir que me enamoré de tus cicatrices, de tus pedazos, de la ruinas que dejó un corazón promiscuo que sólo buscaba divertirse un rato cuando en realidad tenía un mundo inexplorado en sus manos por descubrir. Muchos dicen que los hombres no se enamoran de las chicas tristes, le digo que no es cierto, yo me enamoré de ella cuando nadie la quiso, cuando todos se alejaron y la dejaron en un abismo sin salida.
Intenté reconstruirla sin usar un planos para crear una nueva vida, quise edificar donde sólo habían ruinas y un desierto constante que prevalecía en un cuerpo de cristal. Aún sabiendo que dolería no di marcha a atrás al intentar unir cada una de sus partes rotas, terminaba rompiendome a mí mismo, pero no me rendía, seguía luchando, peleando y dando lo mejor que un simple mortal puede tener en su corta vida.
Al final terminé tan roto como ella, no es que haya sido malo, al contrario, fue lo mejor que me ha pasado y me seguiría rompiendo una y otra vez y las veces que fueran necesarias sólo por verte sonreír nuevamente.




0 Comentarios