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Siempre han dicho que cada quien es libre de elegir la persona por la que enamorarse perdidamente, pero nada dicen de lo que se debe hacer en el caso de que esa persona elija a otra, o que simplemente no te elija a ti. Nada te dicen de dónde encontrar los colores que se van cuando la soledad llega. ¿Sabes lo que quiero decirte? Que me he acostumbrado a recordar por los dos los detalles que te olvidas sobre nosotros. Que tu falta de tiempo muerde y que a veces me sobra la esperanza cuando me miro al espejo y digo que aún me quieres. Sólo a mí se me ocurre que las mentiras son alicientes. Te he querido de esa forma que no tiene mucho sentido. Quizá demasiado pero nunca lo suficiente. No espero que lo entiendas, si nunca entendiste el dolor que es saber que no quieres que me vaya y al mismo tiempo ignorar para qué me guardas. De qué sirve escalar una montaña sabiendo que allá arriba nadie te está esperando. De qué sirve soportar tantas balas por una persona si al final descubres que fue ella quien siempre había estado apretando el gatillo. Te lo digo yo: no sirve para nada. O bueno, sólo para darte cuenta de que todo el amor que tenías para alguien debiste ahogarlo a la primera duda. ¿Sabes qué es lo más triste de estar mal? Que la mayoría de veces sabemos qué hay que hacer para dejar de estarlo y no lo hacemos. Y ese soy yo. El que te escribe como guardando en cada línea una historia de la que ya no quiere acordarse. Y todo lo hago por ti. Escribo más de desamor que de cualquier otra cosa para que, si algún día alguien decide enamorarse, no diga que nunca fue advertido de las consecuencias. Que mi vida y la tuya le sirvan de ejemplo para ver que no es cierto que el amor siempre gana. Que el amor también te mata un poco. Que te extirpa las ilusiones sin piedad ni anestesia y luego te obliga a sonreírle mirándolo directamente a los ojos. Te quiero aun si no me das tanta importancia como para recordar aunque sea un poco las confidencias que me cuestan entregarte. Yo ya no te elijo para nada, aunque te siga necesitando para todo, mientras me dedico a arrojar mis sonrisas a ese mar de dudas que siempre me estuvo esperando. ¿Lo entiendes? Mis sonrisas. Esas mismas que nunca aprendieron a nadar.
Heber Snc Nur




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