Pasaste de mí

Pasaste de mí

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Un abrazo,
te rogué por un abrazo.
Y pasaste de mí.

Te rogué por besar tus labios.
Y pasaste de mí.

Te rogué por una noche más.
Y pasaste de mí.
Te rogué porque te quedaras.
Y pasaste de mí.

Te rogué por una tarde de café,
por una lectura más,
por un beso en la frente,
de esos que antes solías darme.
Y pasaste de mí.

Te rogué por una cena,
por una tarde juntos,
por ir de picnic,
por ver pelis acurrucados en la cama.
Y pasaste de mí.

Te rogué muchas veces,
más de las que me gustaría admitir.

¿Y tu qué hiciste?

Pasaste de mí.

Y lo seguiste haciendo,
una y otra, y otra vez.

No había motivos concretos,
no había razones sinceras.

No había ni una puta verdad que saliera de tu boca.
Nunca la hubo.

Decidiste que sería más fácil pasar de mí,
que ser sincero conmigo y decir que no me querías.

Maldición.

Pasaste de mí como si fuera una mierda.
Como esa que pisas y la restriegas en el suelo,
tratando de quitártela.

Pues algo así fue lo que hiciste conmigo,
te llenaste de mí.
Hasta que pase a ser un estorbo,
la mierda pegada en la suela de tus zapatos.

Y te rogué,
una vez más.

Que me miraras.
Que me escucharas.
Que yo, estaba allí.

¿Y qué fue lo que tú hiciste?

Claro, ya lo sabes.

Pasaste de mí.

F. S. Muñoz

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