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No sé de qué manera comenzar. Me pesan las manos para tomar el lápiz y enfrentar el papel, pero esto no duele más que decirle adiós a tus memorias.
Me encantaría darle un poco de carne y hueso a tus recuerdos para no buscarte en otros, para no llamar al destino y cruzarnos por una vez. Sí, desearía estar frente a vos hablando en voz baja y contándote todo lo que ha sucedido por levantarme con el pie izquierdo en las mañanas, las veces donde el sueño se apodera de mí y termino en la estación equivocada del metro. También tendría que disimular el cosquilleo en mi cuerpo cuando tus cachetes esbozan una sonrisa, algo tendrá de positivo esta lejanía, porque entre mis brazos: no durarías un segundo con un beso en la boca y las sábanas mojadas.
Dicen que decir adiós mil veces no es despedirse, en estos días lo he comprobado. Las quinientas noches de Sabina no me han servido para enterrar el término que nunca fuimos. Hoy ya no puedo llevarte en mi mochila, necesito espacio y abandonar tu abandono. Ver desde otros ojos lo bonito del amanecer, buscar en otro abdomen la ruta de mi tranquilidad. Ya tengo suficiente con verte en mis malas decisiones y el café frío de mis tardes grises. No tolero ver que ni siquiera nuestros pensamientos pueden coincidir, no tenemos más vidas para intentarlo y todo se fue al carajo cuando la frase que nos unía; también nos separaba.
Ahora tomaré una bocanada gigante de aire para tener el coraje de abrir la herida y sacar todo el dolor que provocas. Ya no puedo buscarte entre amigos y cerveza porque una canción se vuelve tu sombra, mucho menos escribir tu nombre en las últimas páginas de mi cuaderno: es el espacio de la inmortalidad para mis sueños. Esto es lo último que me queda: palabras. Palabras que nunca podrán tocarte como lo hacían mis dedos o besarte hasta quebrarte los labios. Aquí puedo dejarte lo único que sé hacer: letras, pedazos de mi ser, las veces que el tiempo no puede derrumbarme.
Buenos días, amor, hoy es mi último día contigo; bueno, con tu adiós, ahora sigo yo. Ya sé que el mundo es redondo, pero si nos chocamos, procura no volver a mirarme a los ojos, ellos no saben mentir.
Daniela Arboleda




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