Viejos demonios dormidos

Viejos demonios dormidos

Fuente de imagen

Agosto 8, 2016

Permíteme mandarte un par de mensajes, porque uno no es suficiente, y tres son demasiados.

Siempre he sido mejor con las palabras que con cualquier otra cosa. Con la confianza de las personas, por ejemplo. Siempre termino traicionando por no dejar de seguir mis instintos. Ya me conoces bien. Te lastimé más que nadie, según tú, y es algo con lo que aún vivo y no consigo perdonarme.

Hoy te escribo, porque me nace. Y porque es un día muy especial. Dudé bastante en si hacerlo o no, y al final decidí que sí. Como diría García Márquez: «Dile que sí, aunque después te arrepientas, porque de todos modos te vas a arrepentir toda la vida si le dices que no»; o una pendejada por el estilo. Nunca se me dio bien recordar las palabras exactas de un autor. Ni en la Universidad. Ni siquiera estando a tu lado, que era cuando las cosas siempre me salían bien. Así que por eso hoy te escribo. Patético, lo sé. Pero mi vida siempre ha sido patética, la conoces de pies a cabeza, e incluso alguna vez utilizaste tal palabra para definirme. Y «pendejo», también. No lo olvido. Pero bueno, básicamente esa es la premisa. Y siendo sincero, no pretendo vivir arrepentido toda mi vida por no hacer algo que me nació hacer. Ya lo decía nuestro profesor: «El arrepentimiento no es ninguna virtud».

En fin, hoy es un día especial, porque justo hace 27 años (si no me equivoco) llegaste a este mundo (y si me equivoco, lo siento. Hace mucho que deseo olvidarte y hacer de cuenta que nunca exististe. Sí, exactamente como tú lo has estado haciendo conmigo) y cambiaste por completo mi vida. Debo agradecer por eso.

Como era de esperarse, se me acaban las ideas y las palabras, sin mencionar que no te quiero hacer más aburrido esto de lo que ya está siendo para ti. Desde ahora te digo, no te preocupes, es el único mensaje que mandaré. Sé que no quieres saber más de mí, así como que terminar esto te está siendo una tarea ardua, bastante tediosa y casi imposible. No deseo molestarte más, sólo quería cumplir un último capricho como hombre libre y despreocupado. Eliminaré tu número en cuanto se mande este ya largo mensaje. Te repito, sólo quería hacer algo que posiblemente, de no hacerlo, me perseguiría toda la vida, como un peso invisible dentro del alma. Y ya que escribí «todos tenemos un corazón en el que laten nombres y viven personas», en alguna parte de mi libro (ese que nadie lee); y precisamente siendo tu nombre el nombre que más fuerte late, y siendo tú una de las hermanas Pasado, decidí que merecía la pena desgastarme la vida una vez más en tu recuerdo.

No me culpes, siempre he tenido cierta inclinación hacia el drama.
Ahora me despido, antes de que sea demasiado tarde, o de que te aburra más.
Ten un lindo día. Disfrútalo, es tuyo. Lo mereces.
Linda vida.

Con amor, admiración y respeto, J.
Feliz cumpleaños, María.

Posdata: Espero no te moleste que esta pequeña misiva forme parte de mi segundo libro (y de las redes donde mis lectores se deleitan con mis dolores eternamente pasajeros), completa, por supuesto. Y una vez más, perdona que te oculte más de lo debido. Nunca es bueno revivir viejos demonios dormidos. Causan más daño que alivio. Y yo, estoy más deshecho que vivo, así que, por mí está bien.

Joel Estrada

Publicar un comentario

0 Comentarios