![]() |
| Imagen: okchicas |
Quiero enmendarlo, pero hasta los más espantosos momentos, pueden ser el motivo por el cuál existan tórridos encuentros, y armoniosas reconciliaciones, ¿no lo crees?
6 de la tarde, empieza a anochecer más rápido que cualquier otro día. He tomado unas cuantas tazas de café, esperando el mensaje que saluda la noche. Hemos saludado todas las mañanas desde que nos conocimos, todas las tardes, todas las noches, y las madrugadas. Y créeme, pasa el tiempo y no me canso de ello, aunque por 1 semana de tortuosos silencios, sentí que me estaba cansando de ello, pero está cesando. Y termina, porque después de una indeleble y microscópica muerte, hay una colosal reaparición, un renacimiento; y nos deja a ti y a mí, agotados, pero renovados también. Reanimados con una nueva esperanza, sedientos por poder avanzar nuevamente. Caímos fuerte, lo sé, fue muy duro, pero caímos juntos. Y a pesar de mi experiencia en el desvelo tengo mucho que aprender de ti: Radiante, un niño, con alma de hombre y la tez color canela cuyas mejillas a veces enrojecen al verme sonreír. Te quiero, y te quiero mucho más de lo que te quería hace 1 semana, que parecía un mes para mí o un siglo para ti. El tiempo es un aspecto tan variable… y estamos aquí, a merced de él, del espacio y de lo que nos espera más adelante, ¿crees que podamos lograrlo? Es una alternativa más. Sucede como en los video juegos, tenemos 3 o 4 vidas y cuando perdemos una sentimos que el juego se acaba, pero luchamos, no podemos perder, seguimos acumulando puntaje suficiente para obtener una vida más, y avanzamos por niveles más difíciles que el anterior, ¿no es así?
Pues bien, en la vida real no es algo demasiado lejano que aplique, tenemos oportunidades, las cuáles, si perdemos una, significa una vida más que se encamina en brazos del pasado, y como toda pérdida, está hecha y destinada para que duela, por lo menos por un momento, y luego se convierte en aprendizaje. Tenemos puntuación, nuestros recuerdos, trenzados de la mano cuando compartimos una tarde de películas, echamos el camino a andar en un tejido de abrazos que no tiene fin; y también, una cantidad incalculable de besos, por si faltara rematar como última puntada.
¿Repetiremos la historia del mismo modo?
Nuestro dolor nos modifica, nos enseña a ser más fuertes, ¿qué hay del otro lado de la crítica? No podemos hacernos débiles, no puede morir esto, lo sabes.
He perdido la esperanza una y otra vez en un par de amores forasteros, con apariencia de caballero y dulzura al tiritar. He visto el engaño en diferentes ocasiones que, con facilidad, encuentro hastío en frases demasiado gastadas y sobrestimadas; tanto así, que he perdido la cuenta de cuántas veces dicen las mismas tonterías, y cuántas veces más muchas mujeres como yo, hemos caído en ellas. Y a pesar de todo, existen algunas que siguen cayendo una y otra vez en mentiras absurdas, en promesas vacías, en juramentos sin cumplir. Pero tú, amor mío, pareces ser el molde diferente en la fábrica, pareces ser un acople diferente, lo bueno de la vida, el choque de la desavenencia y la ingratitud. Eres calma y energía, entusiasmo y perseverancia. Pero hombre, te falta osadía, te falta la osadía de los primeros días cuando me callabas con un beso, cuando acariciabas mis labios con la yema de tus dedos, como pidiéndome permiso para reclamarme tuya. No olvides por dónde comenzaste porque de ese modo olvidarás para dónde vas. Y yo quiero ir a un sitio fijo, contigo, olvidándome de los destierros que coseché en vano y que fueron contraproducentes para mi esperanza, y no olvidando los detalles mínimos que parecen grandes.
No existen las cosas bien merecidas sin un esfuerzo proporcional. He tratado de hilvanar uno a uno los motivos por los que me puedo quedar, y tú llevas tijeras de silencio, y sin intenciones para luchar, cortas trozo a trozo el por qué estamos juntos aquí, a las 6 de la tarde, esperando saludar a la noche, con algo nuevo para ofrecer. No lo hagas, ¿no me amas? No te pierdas y reconócete, quiero saber si al igual que yo, quisieras quedarte, para seguir tejiendo con recuerdos la esencia de lo que podemos ser. Ojalá te hicieras a mi lado y enlazáramos juntos más momentos, no quiero hacer este papel sola. Algún día quisiera que tejieras recuerdos por mí. Recuerdos que reemplacen estos maltrechos vestigios del pasado, como los de hace una semana, cuando te pedí distancia, negándonos una oportunidad más.
Pude irme sin aviso, pude empacar mis maletas y marcharme sin algún tipo de piedad. Sin embargo, seguía pensando en ti, seguía pensando en lo difícil que era para ti luchar solo, y me quedé, para que no vivieras un año de inmensa amargura, porque en el fondo creo que tú sientes lo mismo por mí. ¿Por qué es tan difícil apartarme de ti?
Pero esta vez es tu turno, de tejer recuerdos, de encontrar motivos para quedarte, y de hacer este papel solo, construyendo confianza para no pensar en un mes más de decisiones no conformes, de la terrible posición de imaginar estar expuestos a un destierro innecesario, sólo por falta de evidencia, evidencia de este amor que tanto quiere vivir, que tanto quiere salir a flote y gritar su propia existencia. No merece eso, no merezco estar sin ti, ¿tú mereces estar sin mí? ¿Qué se supone que nos merecemos?
La vida no ha sido justa para estas almas maltrechas y desgastadas, no ha tenido la ocasión apropiada para sonreírnos, pero tenemos la oportunidad de hacernos reír entre nosotros, para amortiguar el duro golpe de las caídas y las decepciones.
Aunque no lo creas, y aunque el desaliento a veces me venza, mi esperanza está en el primer día que te conocí, mi mundo cambió, y hasta mi modo de respirar tuvo una transformación: Era vida, adrenalina pura, y una necesidad intensa por colarme entre tus brazos y no querer soltarte. Tu respiración, tu cercanía, me asediaron con tanto cariño, podría estar segura de compararlo con una reanimación cardio-pulmonar. Sí, chico, has traído vida a muchos rincones de mi corazón. Le he dado una despedida apropiada al desierto, para encontrarme con el oasis de tu mirada. He estado encontrando destellos de luz en mi cómoda oscuridad, descubro que hay más tranquilidad con tu luz, ¿puedo hospedarme en tu corazón?, ¿en tu mirada?
Dentro de mí algo grita: “una oportunidad, una vez más”, desde el día en que te conocí, mi corazón me lo ha pedido a gritos, mis sombras me abrazan, quisiera despegarme de ellas, ¿podrías ayudarme a quitarlas? Si las tengo lejos, con seguridad podré atraparte mejor entre mis brazos.
El amor, se difumina con el paso de los años, cariño, pasar una semana fue un mes, y el más largo, podría compararlo con un año y no sería suficiente aquella semejanza. Estoy empezando a temer, ¿podría ser esto una estrella fugaz?
No quiero imaginarlo. ¿Podría ser sencillamente un destello que se escapa a la velocidad de un segundo?, ¿así es este amor?, ¿iluminado e intenso en poco tiempo para después perderse, perecer y desaparecer?
Mi corazón clama una oportunidad más, tienes mucho para dar, ¿contigo puedo volver a comenzar?
Mi alma insiste y sugiere, gentilmente, que en esta ocasión vale la pena esperar, vale la pena luchar, vale la pena, la alegría, incluso este sufrimiento, del cual quiero despertar, aquel que ya ni siquiera quiero saborear. En un futuro, amado mío, conseguiremos una próxima oportunidad, aunque, si he de admitirlo, puedo tener un premio por mi impaciencia, lo cual no es muy loable. Cuando se trata de ti, el transcurso del tiempo funciona de forma diferente, o tal vez sólo quiero que acabe pronto, padezco de temores, dudas, y soledad.
Estoy esperando, en una tarde de abril, de esas de otoño y brisas amainadas, lejana de las dudas. “Lo celebraremos con un café”, una noche lo anuncié, expectante por lo que nos merecemos. Un amor así, uno como el nuestro; no merece nada más y nada menos que una oportunidad más.
Karen Galeano H.




0 Comentarios