Un bonito pasado

Un bonito pasado

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Tanto estrés.
Tantas cosas en qué pensar...
Tantos problemas, tantas responsabilidades.
De eso se trata, la realidad. ¿Recuerdan cuando éramos niños y nuestra única preocupación era esconder de nuestros papás los dulces de Halloween, para evitar que ellos los guardaran? ¿O cuando nos caíamos y nos lastimábamos las rodillas por estar riendo y jugando con nuestros amigos, y luego escondíamos nuestras heridas de nuestros padres, para evitar que nos regañaran?
¡Vaya recuerdos...!
Por poco olvido cómo se sentía. Nuestras preocupaciones pasaron de ser simples a complejas. De esconder una herida que en una semana curaba, a heridas en el corazón, que nunca sanan o que lo hacen muy lentamente.
¿Acaso recuerdan la felicidad que sentíamos cuando iniciábamos año escolar y teníamos libretas y lápices nuevos? Ahora esa felicidad únicamente la logramos con dinero..., mucho dinero. Y aún así, no es real. Bien dicen por ahí que: «Se es realmente feliz, únicamente cuando se es niño».
¿Qué harían si pudieran volver a ser niños? Yo quizá montaría mi bicicleta e iría pedaleando hasta el otro lado de la montaña, esa cara de la montaña que no podemos observar desde donde nos encontramos, para buscar aquello que perdemos cuando crecemos..., la libertad y la felicidad.

Angie L. Sánchez Álvarez

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