Un día
habrá amanecido
y recibirás la vida
imprevistamente.
Oyes las carcajadas
próximas del carnaval
del payaso,
pero tanto como viene,
se va;
así que te apresuras
sobre los dos pies ya,
ves el rostro cuadrado
del payaso que se detiene
y da respiro a tu carrera.
Inicia el espectáculo para ti,
te da la bienvenida
al juego tétrico;
cada paso que te acompaña
suena confiable el saltimbanqui
aún si su cara varía
con los límites del juego
y silenciosamente
ves a dos más contigo
[suenan las bombardas y los aplausos,
[el viento de nubes en tu rostro,
[no raspa y el payaso festeja;
[salta al pie derecho.
Occidente.
Infinitas abrumadoras reglas.
[Salta al pie izquierdo.
Oriente.
Caminos entre dos muros.
Un salto sobre los dos pies.
[Y todo se esfumó.
En la resaca de la celebración,
oirás sólo los ecos de las carcajadas
y tu cuerpo con sexo, edad y nombre
puerco sobre una litera,
la fiesta (crees) que culminó,
así que despides a los otros dos.
Ahora recuerdas que tienes una cita
arreglas las flores y el cabello,
los mejores zapatos y más lujoso terno,
barres el cuarto y abres las ventanas
rellenas las esquinas y silencias al perro;
así colocas un reloj de pared.
Comienza la espera.
Sentado pulcro al borde de la litera,
halos de luz y atento a su llegada.
Ya el perro se echa cansado y viejo,
te aburres y la barba te pesa,
te acuestas con los huesos grises
y la paciencia disuelta en la humedad
del aire que no ha perdonado
la encantadora espera recogida por el reloj.
[Tocan la puerta.
[Recobras el color.
[Saltas de tu lecho,
pero no es quien (creías que) esperabas.
Las dos acompañantes silenciosas
detrás el payaso con expresión lamentable
[ingresan y estás ensimismado
de recordar la fiesta
de recordar la tarde visita.
Lloras.
Como niño lloras.
¿Debiste haber llorado en la fiesta?
¿Quién realmente esperó a quién?
La cita está tarde,
entonces duermes
acompañado.
[A la mañana siguiente
recibirás la vida
imprevistamente
(de nuevo)
sin preguntarte.
Bruno León




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