Siempre fui yo la que supo amarte cuando más lo necesitabas

Siempre fui yo la que supo amarte cuando más lo necesitabas


Hace mucho no pasaba por aquí. Bueno…, sabes que siempre paso, incluso en las horas que no debería; pero esa magia de vernos los defectos y sonreír se ha acabado.
Tú siempre llevas a cuestas la vida, tan en desacuerdo con todos y a la vez tan de acuerdo con vos, con tu incontrolable capacidad de no aceptar las equivocaciones pero sí las ausencias, las ganas de vivir a tu manera y el mundo reclamándote los errores. Ciertamente aprendí a verte de lejos, incluso llevo grabada esa cara seria que te caracteriza cuando comes, los ojos pequeños de tu cara que no alcanzan a delimitar tu felicidad por llegar a fin de mes. Aprendí a conocerte tanto, que siento hasta cómo voy desapareciendo de tus manos, ya no me abrazas en tus pensamientos y el teléfono, ese que tantas veces odiabas porque nunca contestaba, jamás volvió a sonar. Es extraño caminar tantos lugares sin vos, sin tus manos suaves tocando mis hombros para dejar la tensión. Sí, te extraño tanto que ya no sé cómo escribirte o dejar que las hojas en blanco acaben con lo que queda, porque en el olvido voy quedando con esas ganas de ser; y no con vos. Buenos días, amor, ya no te toco, no te nombro, no te das, me voy con la lluvia, las ganas de pasar una noche dormidos, los viajes pensados, las caminatas que perdieron el rumbo. Olvídame si puedes, yo aprenderé a vivir con las cenizas y las cicatrices, porque siempre, siempre fui yo la que supo lo que era amarte cuando más lo necesitabas.


Daniela Arboleda

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