Madrugadas, I

Madrugadas, I

Fuente de imagen

Son las tres de la mañana y no consigo dormir, pensando en las veces que nuestras miradas se han cruzado e, irónicamente, que nuestros caminos de seguro, al contrario de nuestras miradas, serán como un par de rectas paralelas, que jamás se volverán a cruzar o que probablemente seguirán caminos muy distintos.

He soñado contigo un montón de veces: en una ocasión me dabas un beso en la mejilla, en otra tomabas mi mano en medio del miedo que me invadía como si con eso evitaras que el mundo se me viniera abajo; y en otros más te has convertido en pesadilla y me has dado miedo.

Sin duda alguna cada vez puedo encontrar en ti algo diferente. Perdón, pero no puedo evitar soñar cuando me miras fijamente, o cuando me sonríes o me haces algún gesto. Claro que sé que tú y yo nunca, que es imposible siquiera decirlo, que te quiero como a nadie pero que es un secreto, y que siempre vives en mi pensamiento.

Cada vez que rozo tu piel me parece una ocasión única en el universo, y mi corazón se acelera como si nunca en la vida pudiera volver a suceder.

Tal vez fue mi imaginación, tal vez son ideas que me hago yo, pero creo que tú, al igual que yo, no querías que ese abrazo hace días terminara. El mundo podía venirse abajo en ese preciso instante y a mí poco me hubiera importado, porque estuve entre tus brazos de nudo, que, ¡cómo lo hubiera deseado!, que realmente fueran un nudo que no te dejaran soltarme nunca más.

No puedo controlar mis palpitaciones cada vez que pronuncio tu nombre y te acercas tanto a mí. Sé que no es correcto sentirme así, porque por un lado estoy con alguien más y por otro creo que te estoy faltando a ti también, ya que tú también estás con alguien. Cuando siento tu mano rodear mi cintura ocurre una revolución en todo mi cuerpo, ¿por qué lo haces? ¿Será que en algo te puede verme con alguien más? A mí no me puedes engañar, sé que también sientes algo por mí, aunque sea un mínimo deseo, pero las brasas aún no están del todo apagadas. Esos ojos no me pueden mentir, tus manos tampoco. ¿Por qué no apartarlas de mí? Por el contrario, insistes en rozarme con no sé qué intención, de provocar algo en mí. Y, maldita sea, lo logras. Y nada puedo yo hacer contra eso.

Mis canciones resuenan en mi mente, y sus letras se reagrupan formando tu nombre una y otra vez, que se repite en un bucle sin final y me deja sin saliva de tanto imaginar.

Hay días en que siento que el mundo se me viene abajo al sólo pensar en tus ojos, tu boca que no es mía, y me pregunto, ¿alguna vez me extrañas? Porque yo a ti sí, y cada vez que te sueño me despierto sintiendo un vacío enorme y la peor necesidad de abrazarte sólo un segundo más, y que nuevamente, como ese día, a tus manos les cueste trabajo desprenderse de mi cintura, y que no quieras sino rozar mi piel... Perdón por todo: por mi amor por ti, por desearte, por pensarte y materializarte en letras, por dedicarte mis versos día y noche, y hasta mis sueños y pesadillas. Perdón por usar tu nombre como mi oración para dormir, por ver tus brillantes ojos en las estrellas del cielo, de verdad, perdón. Mi intención nunca ha sido quererte como te quiero, pero las situaciones más maravillosas de la vida pasan de la manera más inesperada, así como llegaste tú a iluminar mis días con una simple sonrisa, aunque tus sonrisas no sean para mí.


Lemnis

Por siempre tuya.

Publicar un comentario

0 Comentarios