La cumbre del silencio

La cumbre del silencio

Imagen: secure.static.tumblr

Empecé a escribir este pequeño relato con la intención más grande: Decir una verdad. No obstante, mis intenciones no llegan a ser meridianas en tinta y papel, no quiero estancarme, pero empezaré. 

Hace muchos días observé a un joven a lo lejos de mi casa. Vestía un atuendo deportivo y a juzgar por sus zapatillas de moda, supuse que era quien disponía de cuanto dinero pudiera, pero su mirada estaba en guerra con lo que su apariencia le hacía ver: Estaba triste, muy triste. Con el tiempo y unas cuántas casualidades de la vida, logró acercarse a mí y su triste mirar me confirmó lo que me sospechaba: No era como su padre o su madre, en la ostentación de sus riquezas, él era el más humilde, y necesitaba ayuda, y no precisamente económica. 

No he podido acercarme lo suficiente, para saber qué era lo que le había afectado tan severamente como para considerar que la vida carecía de todo sentido posible. A saber, yo me encontraba en la misma situación, pero no quería morir con él, quería ayudarlo, sin esperar que él me ayudara a mí. 

Nuestros caminos se encuentran envueltos por una serie de malentendidos, rencores, envidias, desconfianzas y una guerra que se debate con los demás y consigo mismos. No obstante, por toda la ayuda que ha sido proporcionada a tiempo, el dolor es algo de lo que nunca escapamos fácilmente. Somos presas del miedo, somos frágiles ante la oscuridad y los que nos encontramos en el fondo, nos alimentamos de ella. Es como podredumbre para personas podridas, y en esta cumbre del silencio, nos encontramos, buscando una expectativa que nos sorprenda. Pero, por qué no pensar, ¿y si sorprendemos para ser sorprendidos? No es nada sencillo, ¿verdad?

¿Qué tenía él? Lo desconozco, pero había una energía alrededor de él que hacía que me acercara lo suficiente como para detallar sus expresiones, sus gestos, su dolor, su pesada respiración, su quebrantado ánimo. Alguna vez imaginé sorprenderlo, aún intento un plan, pero no quiero que fracase, quiero que sepa que mi sorpresa más grande es mi verdad: Quiero estar junto a él, demostrarle que en la cumbre del silencio las miradas también son mensajes, los cuáles, a través de una prófuga moderación se convierten en paliativo vital de un cáliz lleno de esperanzas y posibilidades. Ofrecerle una sonrisa ahora, para que después, él se pueda asegurar un futuro con resultados para él mismo. 

Mi cándido espíritu, se aúna todas las noches con la Luna, en la esperanza de poder ser un alma vaga que, de manera masoquista, asegura tener una derrota miserable pero que, el último grito de guerra, se transmita para que otro pueda sobrevivir. Él puede pensar lo mismo de mí, lo supe. Entonces, retomé con ahínco mi propósito: Su sonrisa, que destierra todo tipo de mal y cura el mío; aunque no lo sepa, pero ya lo sabe, y yo posiblemente finjo desentender, me anima que lo reconozca. 

Sábado, en un atardecer opaco, parco y frío. Él, con la voluntad más dulce que se origina debido a su humildad, me confiesa que también quiere estar a mi lado, porque ha visto lo mismo que yo. Ha visto la incansable batalla que lidio todos los días, como cualquier otro lo hace, porque todos llevamos una cruz, no importa qué tan grande o pesada, pero no estamos libres de las emociones pésimas y negativas que se alimentan de nuestro sufrimiento. Lo ha percibido, ese propósito no se volvió algo por lo que haya que trabajar individualmente se convirtió mutuo. Se transformó en la reciprocidad apreciada de la forma en que le veo digno para mi mundo, también lo soy para él.

¡Qué incrédula he sido! También estuvo a mi lado todo este tiempo, en la cumbre del silencio, leyendo mis miradas y mis gestos, con una discreción característica él, de su enigma y su misterio. Se adelantó un paso más. Entonces, sin haber concebido tal idea, fue él, quien me sorprendió. Supo ganar mi corazón. 

Desde entonces. Esa, ha sido la verdad más preciada que he conocido. Y pretendí plasmarla como mía, porque es una sola verdad, creada por el sentimiento de dos almas completamente diferentes. 

Resurgí, en la tarde mágica de aquel sábado. Con una nueva misión: No volver a mirar hacia atrás.


Karen Galeano H.

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