Fuiste brutal

Fuiste brutal

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Yo quería confiar en ti, lo intenté sobre muchas cosas e incluso me obligaba y reprendía por llegar a pensar mal de que pudieras hacer algo para lastimarme.
Han pasado meses y quería —de verdad lo intenté— quedarme con buenos recuerdos, al fin de cuentas fuiste sumamente especial (¿cierto?).
Dicen que nunca dejamos de conocer a las personas y menos si se trata de su mal modo. Te cargabas un humor insoportable y yo lo llevaba bien, pero a veces me sorprendía cómo tomabas tu dulzura y el amor y los echabas al vacío, justo detrás de tu coraje y el orgullo. Y es que, mira, que fuiste como un choque inesperado, como una cachetada de Dios para desaparecer un montón de cosas que, aunque parecía que se crearon solas, ahora entiendo que fue algo que formamos porque nos queríamos.
Ya no quiero escribirte porque siento que no te lo mereces, pero no soy quien para decidir eso. Mucho menos para dejar de hacerlo (aunque lo pidieras varias veces), pues es mi lenguaje y quisiera plasmarlo antes de tragarlo y el día menos esperado vomitarlo.
Eras como un rayo de luz en un agujero negro, eras más que primavera y más que cualquier cosa bella —o eso pensaba yo—, hasta que un día te volviste piedra y mis palabras, caricias y miradas dejaron de penetrarte. De verdad que cuando alguien deja de amarte se nota hasta en la manera de andar. Todo, hasta el sexo, se vuelve monótono.
El día que dejé de sentir el golpe en el estómago al decir tu nombre. Por favor, no te atrevas a dejar de ser como ahora: de musa pasas a verdugo. Y te regalaría mis escritos si no fuese porque no los quieres y tengo memoria.
Eras la calma después del huracán y de repente pasaste a ser el ojo del huracán, ¡quién sabe qué pasará después! Fuiste brutal, mujer, casi letal.
De todas formas gracias, que si fue verdad o no, yo sentí que podía contra el universo entero si estaba contigo, y eso no se olvida ni con la indiferencia que ahora te cargas encima.

Chantal Armenta

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