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| Imagen proporcionada por el autor |
LA NEGACIÓN
Era tal difícil de aceptar, era una especie de angustia que no podía soportar la idea de no verla más, de no poder sentir sus labios, de no acariciar su cabello (que en ese entonces era negro). Busqué e intenté de mil formas de recuperar lo que ya se había marchado, sin retorno, con una pequeña puerta con un letrero que decía «Te deseo lo mejor». Todo era gris, sin sentido, sin forma; lo único en lo que yo pensaba era en ver la manera de poder recuperar a esa pequeña vida que me acompañó un año y dos meses, pero, ¿cómo puedes recuperar a alguien que decidió marcharse? Es difícil y aun así lo intenté —sin ningún resultado—.
LA NEGOCIACIÓN
Entonces intenté negociar una salida, una llamada, un mensaje, miles de escritos dirigidos para ella. Los mensajes de texto bordeaban casi los cien enviados, más las cien llamadas que eran de lunes a lunes, todos los días si excepciones; aún no comprendía el hecho de que ella se había ido para siempre, mis ojos se bañaban de mares cada vez que intentaba recordarla, mi cuerpo se entumecía, se llenaba de miedo, angustia, pena, dolor (sensaciones que hacen que tu cuerpo sienta los estragos del dolor que te causa esa pérdida).
Pensé que lo mejor sería darle tiempo y buscarla unos meses más tarde, mientras tanto yo me ocuparía de arreglar todo el desorden que me estaba causando el recordarla y, así fue. Pasaron tres meses —casi para los cuatro—. A mí me había ido bien en la universidad, pero, aunque todo el día te vaya bien siempre tiene que llegar la noche y restregarte en la cara el por qué no estás con ella. Siempre me sucedía eso, la noche era tan cruel que hacía que mi cuerpo sienta el aroma de ella. Incluso llegué a sentir su presencia en mi cama, la misma en donde dejó su silueta acostada. Entonces, decidí buscarla, inventé un plan para que ella no sospechara. «Mentir que no quería enamorarla, sólo quería ser su amigo si es que alguna vez lo fui». Pero ella respondía con su silencio, en verdad ya no quería nada, ni siquiera recordaba mi voz, insistí por un mes más y lo que recibía era…, su silencio.
LA IRA
Mi ira iba aumentando porque siempre me preguntaba si para ella le era tan fácil dejar esto de lado, siempre tenía una pregunta que me enojaba más que la primera, maldecía todo aquello que me recordaba a ella, hasta llegué al punto de quemar uno por uno los recuerdos que me arrastraban hacia un solo nombre “……” Todos menos uno, uno que cada vez que lo veía se estremecía mi cuerpo, ese recuerdo dejaba a mi cuerpo tan inaccesible a mi cerebro que tenían que venir a auxiliarme por si quisiera visitar a la muerte. Mi ira crecía sin motivo. «Siempre jugaba solo e imaginaba que ella volvía», hasta que un día, por cosas del destino, me llegué a enterar de que ya salía con alguien más. Fue en ese entonces que el mismo dominio se apoderó de mí. Todo lo construido hasta ese entonces se había caído, era un juego de dominó que no necesitaba de mucha ayuda para ser derrotado; prácticamente toda ilusión que tenia de ella se había roto, los recuerdos que tenía con ella se convertían en figuras deformadas por la lluvia de mis ojos. Comencé a sentir una especie de odio por todo lo que me rodeaba. Y ese día mi mente había tomado un rumbo desconocido.
LA DEPRESIÓN
Sentí que todo lo que había hecho había sido en vano, los «te quiero» habían sido tan falsos y yo tan enamorado me los creí, incluso el «te amo» que recibí de sus labios..., todo fue mentira, yo sólo atinaba a dejar a mi cuerpo reposar en mi cama, maltratado por tanto daño que me hice; mi mente estaba al borde de la locura, sin sentido. No había nadie que pudiera hacer nada por mí. Esta vez la prueba de olvidarla «para siempre» tenía que ser efecto y tenía que hacerlo solo, sin necesidad de molestar a los demás.
LA ACEPTACIÓN
Este es el punto en donde me encuentro, aquí empieza mi nueva vida, tal vez la vuelva a encontrar por la calle, pero sólo será «una desconocida con recuerdos en común». Fue y siempre será mi primer amor, y es por eso que tengo que marcharme para no darle cuentas a mi pasado, disculparme por mis errores y disculparla por los daños que ella causó. Ahora sería bueno enfocarme en mi nuevo presente, teniendo en cuenta los errores cometidos, en este punto no tengo mucho que escribir, espero que le vaya bien en todo y, que sea feliz.
Kaizen




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