Al final del día

Al final del día

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Mayo, 19

Es confuso, ¿sabes?, este pequeño arte de vivir. Me toma por sorpresa. Me confunde con sus altos y bajos. Es como subir a una montaña rusa en mitad de la madrugada, sin luces ni guía. Sin cinturones de seguridad, compañero de viaje o seguro de vida. Simplemente subidas y bajadas sorpresivas que te dejan un hueco en la boca del estómago y muchas, muchas heridas.
Antes parecía llevarlo bien. La cosa no era muy complicada: estabas tú. Eras la administradora oficial de mis días. Cumplías por completo los requisitos necesarios para el puesto. Eras tú quien mantenía en orden mi vida.
Hoy no hay calma que me acoja. Te despediste. Dejaste la vacante de mi corazón vacía, y hasta el día de hoy, no ha existido alguien que la cubra por completo. Nadie está a la altura. No te miento. Quizá haya una que otra persona que lo haya intentado, pero al final, el saco les queda demasiado grande. Las chicas de hoy en día son demasiado pequeñas como para cargar con la responsabilidad que un alma destrozada supone. No hay mujer más fuerte que tú, capaz de soportar el peso del universo en sus hombros, el peso de mi universo.
Y te lo digo: es confuso vivir. Hay días en que no salgo de mi habitación. Me encierro por horas y me pierdo en los pedazos de remembranzas del pasado que ruedan por el suelo. Paso horas sumergido en la espesa atmósfera que invade la casa, respirando la nostalgia que se evapora conforme termina la noche. Como una enfermedad, sufro constantemente ataques de melancolía, que terminan en rachas de desesperación y violencia enfurecida contra los retratos de tu sonrisa que guardo en la memoria. Otras veces la cosa es más simple. Las horas pasan en un abrir y cerrar de ojos. No hay mal alguno. Me encuentro demasiado ocupado pensando en no sé qué. De pronto me doy cuenta de que ya ha pasado una semana, dos, un mes. La cosa va ligeramente andando, sin percances, sin insomnios, sin alucinaciones del ayer. Entonces, al final del día, me siento un poco vivo. Creo que te he superado. Tomo el bolígrafo, unos cuantos folios y me curo de ti.
Aunque al final no. Busco inspiración en los lugares donde te perdí. Sigo en espera del sol que me ilumine la vida, en especial del que escondes tras la sonrisa. Sueño con las caricias que consintieron tanto a mis mejillas. No puedo olvidar tus ojos, y es que llevo tatuado tu nombre en la lista de promesas incumplidas que guardo en el corazón.

Joel Estrada

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