![]() |
| Imagen: 365diasdesaudades.files |
En ocasiones, he deambulado errante, entre mi presente y mi pasado; buscando la forma de encontrarte o más bien, de encontrar la persona que solía ser cuando estaba a tu lado. Sin embargo, resulta difícil, por no decir que imposible. Generalmente me encuentro en el anochecer, tratando de indagar con mi fuero interno, todo aquello que he callado, que he olvidado, o que simplemente ya no he vuelto a recordar por años.
¿Cómo pude olvidar?
Olvidar las tardes de Mayo bañadas de dulce y entera alegría, en vísperas de un día que resultaba ser común para mí, mi cumpleaños. Cada día parecía una ansiosa y emocionante espera por el día en que llegué a este mundo. Para después de unos años convertirme en lo que soy y llegar de la mano de tu compañía; aquella que, ya haciéndose de noche, culminaba con una inmensa sonrisa. Nunca me arrepentía, para nada. Por el contrario, disfruté de todo el tiempo posible contigo y es por eso que actualmente, lo echo de menos.
Sí, hecho de menos ese café a las 4 de la tarde que mi madre nos preparaba a los dos. Estaba ansiosa, porque mi madre preparaba todo lo mejor. Ella jamás pretende incomodar a las visitas, su manera de atenderlos es única, acogedora y especial con las personas que representaban parte de mi pequeño universo. Junto a ella, eras la segunda persona que se adentraba en mi habitación a conocer todas las historias que en ella encierra. Las paredes blancas y el piso de madera donde se asentaban tus pasos las veces que llegabas. Después, llegó la mudanza, pero nada se quedaba en las casas anteriores. Todo lo llevaba conmigo, inclusive estabas tú, siempre acompañándome en cada lugar, estación, mes, horario y dirección...
Olvidé lo que se sentía viajar de la mano contigo. Lo ignoré cuando desapareciste sin aviso y jamás regresaste. Abandoné la idea de que me necesitabas tanto como alguna vez yo a ti. Nunca cuestioné tus decisiones, porque en el fondo creía en tu sapiencia, daba fe plena de la responsabilidad y el buen juicio de tus actos. Todos bien elaborados, planeados, tratados con sumo cuidado, pero esta vez ya no pensabas en mí. Puedo decir que ahora, con el paso de los años, estoy contenta por ello. Es bien cierto aquel dicho que dicta que todo aquello que amas, debes dejarlo libre. Y comprendía de manera equivocada la situación desde la perspectiva de la víctima: Sufría, lloraba, maldecía mil y una vez al viento por tu pérdida, pero no entendía el sacrificio que llevaste a cabo. Necesitabas recuperar tu vida, un espacio en donde absolutamente nadie puede entrar, solamente tú, porque es el encuentro contigo mismo y lo que necesitas. A pesar de que tuvieras que apartarte de mí. Muchas veces creía que me necesitabas tanto como yo a ti, pero la verdad es, que especialmente te necesitas a ti mismo. Volver a tus cimientos, a las raíces de tu libertad, de tu felicidad. Si no iba a ser de mi mano, estoy dichosa de que fuera del viento y de tus ideales, los cuáles no fallaron.
En la distancia más incómoda, dolorosa y desgarradora. Finalmente logro declararte todo lo que he callado. Para un buen y conciso resumen, te diré que te extraño, porque ciertamente lo es. Extraño los dulces momentos que venían de tu mano, las miradas que se colaban en una buena historia. Entre los sueños, las verdades y las risas nocturnas que perecieron con el paso impasible del tiempo, conservo y me adueño con apremio al recuerdo de esa conexión que no existirá nuevamente. Dado que nada ocurre del mismo modo una vez más, me atrevo a decir que me hace falta la memoria de la esencia de lo que alguna vez, en dichos tiempos, tuvo su lugar como el tesoro más preciado del mundo: Tú... y esa manera auténtica de ser, razonar y comprender. El método genuino para no sentirnos solos, porque jamás estuve padeciendo soledades con tu presencia. Más allá del atardecer, siempre existió un: "Estaré siempre contigo". Y se quedará guardado en el silencio de lo que hoy me hace falta, confesado en esta simple declaración que servirá para quitar el peso flemático, extenuado, constante e impaciente de tu ausencia perdurable. Esa que aún destella en cada página de un capítulo maltrecho y olvidado, que hoy he vuelto a contemplar con particular sutileza.
Karen Galeano H.




0 Comentarios