| Imagen: lacapital |
Vagos, erráticos, flemáticos, lacerantes y pululan alrededor de nuestras esperanzas. Atacando como cuervos negros sobre ellas, esperando la mínima oportunidad para tomar sus frágiles estructuras y hacerlas trizas.
Qué pesar.
Miedos...
Colisionan y se asemejan a la pesadilla de la pérdida, el dolor, el sufrimiento, el olvido y el abandono. Es un entero desastre. Sin embargo, hemos creado la mayor parte de nuestro aprendizaje a través de la victoria frente a estos miedos. Desatando una confrontación intensa con nuestra debilidad y la solución que requiere la mediación de una decisión para ser alcanzada.
Es de noche, es Domingo. Es la hora más silenciosa para más de una persona. Durmiendo, descansando, disfrutando; o posiblemente como yo, debatiendo, dudando, indagando, temiendo. El miedo... es insoportable. Y no me gusta, no lo tolero, no podría concebir idea alguna de aceptarlo, es lo normal. No obstante, está allí y permanece, y la única forma de no cederle fuerza a tan aterrador sentimiento es dejarlo ser, porque hay cosas que son, que están en nuestras vidas y debemos lidiar con ellas porque así debe ser. Sencillamente, es lo que es, inevitable.
Tomo un papel y una pluma, muerdo la superficie de esta, sin entender por qué. Detesto lastimar cada instrumento cuya función perfecta es facilitar y proveer la comunicación, en un dibujo o en palabras, me permite expresarme. Sin embargo, son los nervios, son ellos los que se adueñan de mi mano y me cuesta escribir, pero ahora lo estoy haciendo, y no sé desde cuándo. Empiezo a escribir una pequeña nota.
Cariño:
No sé cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que nos vimos. De lo único de lo que estoy segura es de que comienzo a extrañarte desde entonces. Cada día los sentimientos se hacen más fuertes, más densos, toman cuerpo y pesan más en mi corazón. Te he extrañado. Y posiblemente pueda que pasen fragmentos de segundo sin ti, y ya sienta que quiera volverme loca.
Es posible que no hayan pasado más de 2 o 3 días desde que te sentí, tomé tu aroma, me apropié de él y lo hice mío bajo una sonrisa disimulada, aunque ocultarlo no tiene sentido. Mis sonrisas son de oreja a oreja cuando se trata de estar a tu lado, de abrazarte, y de besar esos labios que se convierten en una adicción cada día más incontrolable. Me haces falta.
Tengo miedo de la inmensa necesidad que comienza a asentarse en mí, parece que está haciendo un hogar y se ha instalado allí, parece que crece, es como una telaraña. Una maraña que no debería haber, pero la hay. A medida que mi amor por ti asciende, del mismo modo la angustia aumenta, la necesidad. Y la carencia de tu ausencia se vuelve algo verdaderamente irritante. Me molesto conmigo misma, por mí, quisiera tenerte todos los días, pero es algo imposible.
¿Qué puedo decir? Soy impaciente, pero en esta desesperación medianamente tratable, quiero decirte que hago lo posible por recetarme toda la paciencia del mundo y te espero. Lo hago porque te amo, eso es todo.
-----
Termino mi pequeña nota, quiero añadir algo más pero no sé lo que podría ser. Cubro la pluma con la tapa y me acuesto en la cama con aquella nota. La encierro en mi pecho, procuro que al entregársela prontamente, todos mis sentimientos, en contacto de papel y piel se transmitan a esa pequeña nota. Todo con la esperanza de que en el fondo sienta lo mucho que temo. Malditos temores... Malditos y obsesivos temores.
De sentirme olvidada, ¿por qué pensaría que lo haría?
De estar abandonada. Es claro que debo tomar control de ello.
Debo y quiero dejarlos atrás. Enfermizos miedos.
Y lo que es más, parecen desordenados y difíciles de dirigir. No tienen por qué existir, tristemente, por el contrario, están codificados en mí.
Nada ha estado mal. Y de repente, solo tengo la extrema urgencia de que sepa cuánto lo quiero y de que, probablemente, lo querré mucho más el día de mañana. Lo amaré cada día más que el anterior. Me urge que lo sepa, porque seguramente él también necesita escucharlo de mí. Es la única forma de que lo entienda, expresándolo, como trato de hacerlo a piel, alma y corazón. Ejerciendo un tratamiento intenso con la soledad, asegurándole que no va a morar en mí por mucho tiempo. Hasta que le vuelva a ver..
Abrazándome, sonriendo tanto para él como para mí. Sintiendo en toda medida absoluta que no me va a dejar ir. Nunca más.
Karen Galeano H.



0 Comentarios