![]() |
| Imagen: elclarinweb |
Se llevó la pistola a la sien. Era el primer intento: una bala. Respiró para prepararse mentalmente para el disparo. Uno, dos tres... y presionó el gatillo con los ojos cerrados. No pasó nada.
Los integrantes del círculo aplaudieron. Algunos dejaron escapar risillas nerviosas
de alivio. Le dieron 100€ euros cada uno.
Siguiente apuesta: dos balas. Bebió un sorbo de agua para tranquilizarse. Encajó
el segundo balín en el tambor de la pistola y lo giró bajo la mirada atenta del grupo. Se
acercó el arma a la cabeza. La tensión subía. Todos querían saber dónde estaban las balas
y en secreto deseaban que saliera una. Inspiró de nuevo con los ojos cerrados: uno, dos,
tres... y accionó el gastillo.
No pasó nada.
De nuevo, el círculo estalló en aplausos y risas. La apuesta ahora se pagaba a 300€.
Recogió el dinero y se lo guardó en el bolsillo del pantalón.
Tercera apuesta: tres balas iban a 500€ por espectador. Se secó el sudor de la frente
y volvió a beber mientras el círculo lo felicitaba por su suerte. Introdujo el proyectil y dio
varias vueltas al tambor. Esa sería la última apuesta. Ya había reunido dinero suficiente.
Sería la última vez que se arriesgaba. Pero tenía miedo. Cada nueva bala era una
posibilidad más para acabar con todo. No se podía jugar con la muerte eternamente. Con
el sudor perlado su frente, pegó el cañón a la sien. Se relamió los labios y cerró los
párpados, escuchando sólo la ansiedad de su público en el silencio. El círculo se inclinaba
hacia delante, expectante de adrenalina.
Respiró: uno, dos, tres... y cuando el gatillo cedió con un sonido espantoso, abrió
los ojos para mirar a su público con ojos vacíos.
El círculo prorrumpió en gritos eufóricos. Algunos batieron palmas y otros
patearon el suelo. Todos rieron con carcajadas salvajes. Finalmente, uno de ellos se acercó
al cadáver con una sonrisa sardónica, le vació los bolsillos y repartió el dinero. El juego
había terminado.




0 Comentarios