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| Imagen extraída de la publicación original |
Eras inevitable.
Como la pereza
llamando a mi puerta
un domingo por la tarde.
Como ese libro
que por más que lo lea
es incapaz de cansarme.
Como el final de esa película
que nunca logro recordar,
pero que sé que me encanta.
Como bailar toda la noche
mi canción favorita.
Como el miedo que te invade
justo antes de arrojarte al vacío.
Como hacerme estremecer
tras el olor a mandarinas,
a libro nuevo,
a pan recién hecho,
a primer beso.
Como tu risa.
Como mis miedos.
Como quedarme dormida
cuando son tus brazos
los que acunan mi vértigo.
Como los cinco minutitos más
previos a salir corriendo.
Como la ilusión
de un niño pequeño
la noche de Reyes.
Como mis ganas de verte.
Como el desayuno en la cama.
Como un orgasmo de madrugada.
Como el abrazo
después del mejor polvo de tu vida.
Como dibujar un corazón,
como toda una declaración de amor,
en el espejo empañado del baño.
Como caer, tropezar
y seguir intentándolo.
Como mis nervios.
Como besarte
y morderte los labios.
Como imaginarnos.
Como el deseo
jugando a ser
tsunami entre mis piernas.
Como mi piel erizándose
por el roce de tu lengua
acariciando mi cuello,
por el tacto de tus dedos
recorriendo mi espalda.
Como la sonrisa
que adorna mi cara,
desde que nos hacemos
más felices que falta.
Como esa atenta mirada
tratando de descifrar
todo este desastre
que llevo por nombre.
Así eras: inevitable,
como también lo era
el enamorarme de ti.
Ángela Monzón




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