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No es tan sencillo despedirse,
Mucho menos aceptar que las manos
estarán vacías.
Puedes cambiar la ruta para llegar a casa,
Pero no las cervezas frías de los viernes.
Incluso caminar ya no será tan pausado;
andas más rápido
porque la vida carcome.
Dejar ir
es también dejar a la suerte el corazón,
reconocer su vacío
y mentirle no es tan sencillo.
Vendrán los días de lluvia,
las sábanas no tendrán el calor suficiente para tocarte el alma,
acomodarte a los silencios,
saber que las ojeras ya no son de amor.
Al final, dejar ir
también es volver.
A los sitios que te vieron nacer.
Al tiempo más presente; el pasado.
A nosotros mismos,
así hace mucho nos hayamos perdido.
Daniela Arboleda




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