Porque tú existes

Porque tú existes

Fuente de imagen

Yo me dije a mí misma que no te volvería a ver, que no volvería a escribirle más al viento que sopla en tu dirección, pero fallo. Fracaso en mi vano intento por la poca fuerza que poseo para apartarme de ti. Sencillamente, no puedo.

¿Pero qué iba a esperar si después de tantos recuerdos, este es el resultado? No me quedaba otra opción que arrastrar nuevamente la pluma sobre el papel y escribirte que esta noche me estoy muriendo por verte. Sucumbo a mi estado flemático y endeble sólo para observar que vienes, me rescatas de mi muerte y me revives con tu mirada preocupada, suplicando que no me vaya. Si tan sólo supieras que un par de palabras no sólo reaniman la esperanza sino que cultivan una razón más para quedarme contigo. Aunque estas letras ya no vayan de la mano con aquel sentimiento que profesé, se quedan porque son evidencia de lo que creaste cuando tus pupilas vaciaron toda su atención en mí. Originaron este proceder que aún no me explico por qué no cesa, se mantiene allí cuando le da la gana, sin estar expresamente segura si quiero dar por terminado el motor donde esas líneas proceden, que van grabadas con tu nombre, fiel a cada trazo que pende de tu presencia, que viven porque tú existes en ellas.

Es imposible ignorar o echar tierra sobre estos sentimientos. Es bien sabido que nunca sentimos de la misma forma dos veces, y aunque podamos poner probabilidades al azar, siempre contemplaremos cercanos, jamás semejantes. Eso eres para mí, una memoria que se hace imborrable con el paso de los años, y aunque al principio cuestionaba cuándo ibas a marcharte, ya no lo hago. No lo hago porque es algo que vive en mi pasado. En una etapa que procuro ya no tocar ni ver con frecuencia; sin embargo, lo único que sí sé es que allí permaneces, me llamas, me extiendes la mano para que regrese, añoras las cosas que en su momento no fueron especiales para ti. Eso no es problema para mí ahora, pues no quiero volver a ese recuerdo que yace marchito sobre mis páginas más gastadas; aquellas donde borré, volví a tachar, enmendé, corregí y nuevamente, quise borrar. Entonces aquel rastro de la remembranza se hace difícilmente visible para mí, pero aunque ya no lo atesore con dulce aprecio, de manera borrosa, todavía te quiero. 

Por eso me quedo contigo, porque antes de estropear los magníficos momentos, hubo un nosotros que se hizo de muy buenas intenciones para crear aquellos instantes que descansan guardados en nuestra mente. Me quedo porque puede haber una mejor versión de lo que pudimos ser y de lo que el destino consideró que no podía correspondernos. Posiblemente, si le damos otra oportunidad a las nuevas circunstancias en la que nos encontramos, haya una sonrisa que nunca antes vimos y se transforme en algo mejor que un pasado inalterable.

Karen Galeano H.

Publicar un comentario

0 Comentarios