Por el miedo a ser olvidados

Por el miedo a ser olvidados

Imagen exrtraída del post original.
Hoy he mirado
a la cara al pasado;
dice que me quiere,
que no puede olvidarlo.

Hoy hemos hablado
de la eternidad de unos labios,
de cómo es la vida
sin él a mi lado.

Hoy he recordado
el miedo que tenemos todos
a ser olvidados.

Hoy le he mirado a los ojos
y no había más
que tristeza y destrozos,
la podredumbre de un corazón
magullado por la demora del tiempo,
un cuerpo rendido al abandono del viento.

Entonces,
se ha hecho el silencio.
Y luego su risa.
Joder, aún recuerdo su risa.
Era como una puta pistola
clavada en la sien,
como la última bala en la recámara
de un suicida
que aguarda una suerte mejor,
mientras escucha de fondo
los gritos de una garganta
rasgada por el llanto
de su conciencia,
las súplicas de clemencia,
la indiferencia clamando venganza
ya cuando la soga aprieta,
ya cuando el orgullo alcanza.

Y que si me quiere
o no me quiere...
Ya no importa.
Porque yo que sé,
yo quise.
Y con eso basta.
Y si no bastó
no es que no fuese el momento,
es que no era la persona.
Y duele, sí. Claro que duele.

Hasta que un día entiendes
que la mayor distancia
entre dos personas
son los miedos,
los quiero y no puedo,
los puedo y no sé si debo.

Así que para.
Respira.
¿Eres feliz?
Porque si no lo eres, sal de aquí.
Ve a buscarla, enamórate
y «deja que te mate».

Siéntelo, igual que yo,
como si se tratase
de una oleada de fuegos artificiales
estallando en cada verso,
como si la primavera hubiese decidido
florecer en mi pecho en pleno invierno.

Ángela Monzón

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