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—Pero, ¿prometes que no te olvidarás de mí?
—Bromeas, ¿cierto? Se necesitarían más de siete mares para poder olvidarme de ti, y ni hablar para reprimir el deseo de seguir a tu lado.
Y sus cuerpos se confundieron en un profundo beso. Ya no era el primero, pero estaba cerca de ser el último.
Promesas como esas eran hechas todos los días en el reino. Parejas de jovencitos enamorados prometiéndose llegar hasta el fin del mundo, tomados de la mano. Era usual escuchar esa clase de juramentos en cualquiera fuese el lugar en donde se estaba.
Pero esta pareja no era del todo común.
Tendidos sobre el suave césped, con sus manos entrelazadas, observando al infinito cielo, mirándose de vez en cuando a la cara, memorizando cada rasgo, cada facción, temiendo que cuando les tocara separarse, no pudieran volver a reconocerse.
El sauce los contemplaba imponente. Aquel en cuya corteza estaban talladas las iniciales T+T, encerradas en un corazón. Ése era su punto de encuentro. Pero ellos sabían que lo suyo era prohibido. Y ese árbol era el único testigo de su pasión.
Al día siguiente le presentarían su prometido a la dulce doncella. Tony, el muchacho, partiría con toda su embarcación, también mañana. Bueno claro, en aquellos tiempos, eso era bastante normal en el pueblo, si no fuese porque la tripulación del navío de Tony era popularmente conocida por ser… bastante ilegal.
—Pero, no se puede.
—Aun así, ¿me amas?
—No más de lo que te amaré mañana.
Diez años transcurrieron a partir de ese día. Para algunos con lentitud, para otros con premura. Y con ellos, aquel punto de encuentro vivo de recuerdos, fue creciendo, extendiéndose. El sauce, en poco tiempo se convirtió en el árbol más grande de la comarca.
Tony ya no era el muchachito de antes. Era todo un hombre, todo un capitán, todo un pirata. Uno de esos pocos que eran admirados. De los que en vez de secuestrar mujerzuelas, robaban centenares de tesoros. De aquellos que cuando su nombre era mencionado a los niños, provocaba las más temibles pesadillas. Y había vuelto al reino. Había vuelto al fin.
Una vez que su barco ancló en la costa, lo primero que hizo fue correr a toda velocidad hasta donde estaba el sauce, su sauce. Aquel identificado por un corazón con la leyenda T+T.
Cuando lo encontró, lo observó feliz.
—Mira qué grande te has puesto. Parece como si hubiese sido ayer.
—¿Y no lo fue, Tony?
Si había algo que él no esperaba, era que estuviera ella. Que estuviera ella allí. Esperándolo, como si fuera un sueño. Ella. Siempre fiel.
Siempre bella.
Se dirigió hacia los brazos de su amada. Estaba hermosa con su vestido de seda azul marino.
El encuentro fue el que ambos habían anhelado, o como ellos creían que lo harían. Después de examinarse mutuamente y de haberse puesto al tanto de parte de sus vidas, les tentaba la idea de huir juntos.
"¿Escapar?". A ella se le llenaban los ojos de lágrimas. La dama no solamente estaba casada con el heredero al trono, ya estaba casada con su nación.
"¿Escapar?" A Tony se le hacía un nudo en el estómago. Él, estaba casado con su barco, y la nación ya había puesto precio a su cabeza.
—¡Eleven anclas! —gritó aquel que fue un muchacho lleno de promesas, desde la popa del barco, mientras se alejaba de su pueblo natal. Apenas era capaz de divisar la costa.
Una lágrima de recuerdos escapó de sus ojos. Las posibilidades de volver eran tas escasas como los baños que tomaban los marineros.
—¡Tony! —Alguien le gritaba. Pero no podía ser quien él deseaba. Sus oídos no daban crédito a lo que creía oír.
—¡TONY! ¿AÚN ASÍ, ME AMAS? —era ella quien le gritaba desde la orilla de la playa.
—¡NO MÁS DE LO QUE TE AMARÉ MAÑANA!
***
—Así que, ¿esa es la historia del sauce de tu jardín abuela? ¿Por eso el peculiar corazón? —pregunté yo, encantada con la historia.
—Tan cierta, como que mi nombre es Thacianne.
—Abuela, podrás engañar a todos, pero a mí no. La otra T, correspondía a tu nombre, ¿no?
Me miró emocionada, asintiendo. Luego, se llevó un dedo a los labios, en señal de que debía mantener el secreto.
—¿Y no le has vuelto a ver? —le volví a interrogar.
—Cariño, lo veo todos los días en los ojos de tu padre.
Juego de Palabras




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