El día que lo conocí

El día que lo conocí

Imagen: mejorconsalud
Es posible que no sea lo bastante buena como para recordar el día exacto en el que lo conocí, o el día en el que puse toda mi atención en él, o la fecha precisa en la que empecé a quererlo de la manera en la que le quiero ahora. La manera que me ha hecho evocarlo en este apreciado fragmento que está impregnado de todo el sentimiento que ocasiona en mí, la sensación que me suscita al escribir cada palabra por y para él. Esto es una locura... y yo no puedo creerlo siquiera.

Hay algunas cosas que sí sé. Muchas veces ignoramos lo que en realidad somos hasta que alguien lo ve de mejor forma desde lejos y se acerca para comprobarlo incluso al punto máximo de hacernos creer en ello, del impacto que creamos por lo que somos o lo que podemos llegar a ser para el mundo o para nuestro pequeño universo. Eso es para mí.
Él, con su cálida y pacífica mirada ha hecho que mi mundo gire al revés sin que yo pueda, por lo menos, intentar girar la vista al mismo ritmo en el que el tiempo se acelera o se pausa con solo un par de palabras, una caricia, o un "te amo".
Es capaz de convertir en aliados, todos los paisajes que he podido apreciar con él, tomados de la mano. Cualquier tontería tiene significado cuando la tomo con él y reímos, bromeamos, cantamos o coqueteamos. Es hermoso, cada instante en el que no tienes por qué o por quién cohibirte, si todo se concentra en el momento exacto, con un montón de sentimientos apropiados, con la persona correcta, en cualquier lugar donde nos encontramos.

Yo hubiera escogido sin ningún debate mi escala de grises, en el pequeño mundo que construí para sentirme a salvo de mis miedos. Sin embargo, su lado, siento el deseo (sin saber cómo) de afrontar todos y cada uno de ellos, porque, con el paso del tiempo, me enseña que puedo lograr muchas cosas si sólo deseo alcanzarlas. Me hace proponer mucho por mi cuenta, inclusive, cambiar las tonalidades de mi paisaje, para convertirlas en una amalgama casi perfecta, de cómo ver la vida con tantos matices y algunos borrones que no pintan nada mal y hacen parte de nuestra pintura ideal. También, cada tropiezo se hace importante, para hacer todo lo mejor cada día e intentar mejorarlo. Él hace todo eso, con sus palabras, y su voz, su sonrisa multiplicándose. No tiene que hacer mucho para expresar su amor, porque muchas cosas simplemente se sienten, él es bueno en eso, así que entenderlo es mucho más complejo, cuando todo lo que he hecho en mi vida es pensar y analizar desde la frontera, sin involucrarme a fondo. He pensado en todo lo que puede sentirse estar a su lado, en cómo llegar a quererlo mejor. Cuando todo lo que debo hacer es quererlo y ya, sin pensarlo demasiado, quizá de esa forma pueda amarlo como debería ser y no como creería que fuese.


Seguramente, mi manera de alcanzarlo siempre parecerá planeada, aunque, ¿por qué habría de negar? La mejor manera será cuando lo sienta, y así lo invite a sentir conmigo, lo que para él es más fácil, por supuesto. Sólo es cuestión mía, de aprender a sentir más que dedicarme a pensar, así se disfrutará más la manera en la que he llegado a amarle, la forma en la que me hace sentir perfecta y hermosa junto a él, la dicha de sentirme agradecida por quien es y por su modo de amarme; porque me ha sentado bien, más que bien, diría que perfectamente, porque me siento inmensamente afortunada, desde aquel día que lo conocí.


Karen Galeano H. 

Publicar un comentario

0 Comentarios