Devanándome en recuerdos

Devanándome en recuerdos

Imagen: thedishh
Son las 11:15pm y todo el día he tenido ganas de hablarte, pero a esta hora final del día mis ganas arrecian como un viento fuerte del norte.
De repente pasó por mi cabeza llamar y de paso escucharte, pero temí que desviaras la llamada o simplemente no la atendieras. Después pensé en mandarte un mensaje (o lo que sea), aunque temo que no me prestes atención o, en el peor de los casos, que respondas. La última vez dijiste que lo mejor era no hablarnos porque lo peor que nos puede pasar es seguir amándonos. Qué estúpida manera la tuya de decir las verdades, sobre todo porque la distancia no mata el amor ni el deseo, salvo a ti y a mí.
Y, a veces pienso que si me voy a morir de amor, al menos quiero estar de tu mano... ¡Qué estúpida manera de decir las cosas, lo sé!
Somos un desperdicio de felicidad volcado en este lodo que han causado las lágrimas que traicionan a la sonrisa.
Siempre creí que las personas que se deprimen escuchando música de Russian red o de Joaquín Sabina, o viendo películas como "One day" o "The notebook" eran masoquistas y, cariño, me sumaste a la patética lista.
Debería guardar mis pensamientos. Alguien, algún día (posiblemente) lea esto y verá que pasé gran parte de mi vida escribiendo a alguien que no me lee y que nunca supo leerme entre líneas. Ahora, tal vez, te resulte una tontería decirte que el amor eterno no muere aunque los que lo llevan consigo sí lo hagan, pero ese aroma a saber amar se queda, se transmite y algo bueno debió haber salido de lo que nos dimos.
Estoy escribiendo sin razón, ni siquiera analizo qué estoy plasmando, sólo siento que de esta manera sigo en contacto contigo (aunque no tengas ni puta idea de lo que hago o de cómo estoy, de otra manera cambiarías de opinión).
Sé que volverás, siempre lo haces, cuando ya te estoy sobrellevando o cuando decides saber si aún te amo y la verdad es que te odio por ello, no debería permitirse esa crueldad en el ser humano.
Regresas como si nada pasara aunque los días parezcan que se van borrando uno a uno hasta convertirse en unos bocetos mal trazados de lo que va siendo este viaje sin ti.
Ya han pasado veinticinco minutos desde que miré el reloj y podría seguir escribiendo —como aquella vez que nos dio las 5:00 a. m. hablando por teléfono y nos sorprendió la mañana justo cuando el amor nos estaba robando hasta los huesos—, pero no lo haré, porque ahora es el amor el que dejó tirado todo lo que soy y ya no estoy para esto de seguir hablándole a los soles de alguien que ya no admira la luna conmigo y a cambio de ello duerme y me roba el sueño. ¡Dios, qué egoísta te has vuelto, cielo!
Si mañana me imagino sentada al borde de la cama tu silueta, te tomaré por la cintura para darme cuenta de que no eres más que el engaño de mi desvarío y de las horas de la madrugada, que es cuando me doy cuenta de que no importa qué haga en todo el jodido día, tu fantasma igual se aparece a devanarme los sesos y arrancarme la piel para seguir hablándole a los recuerdos tan mal agradecidos.

Chantal Armenta

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