Cosas que nunca te dije

Cosas que nunca te dije

Imagen de: Kyle Thompson
Abril 18, 16

Ayer por la tarde hizo un día de lo mejor. Llovió como hacía tiempo no llovía. Ya ves, la lluvia siempre presente en nuestros mejores momentos.

Tú ya no estás aquí, pero te recuerdo como si nuestra despedida hubiera sido ayer. Todavía me duele tu adiós. Aún llevo esas cinco letras clavadas en el corazón. Me lo han roto y parece como si no tuviera arreglo alguno.

Tú ahora vuelas por otro cielo, y aunque el viento no sea capaz de hacerte llegar todas mis súplicas, quiero gritar que te amo. Que sepas que has sido mi bendición más grande, y “nuestra” hija, el mejor regalo que jamás recibí. Aún recuerdo su sonrisa. Cómo me hubiera gustado poder abrazarlas otra noche más. También debes saber que conservo todos los besos que me dieron, en una vitrina dentro de mi memoria. Los limpio a diario y los cuido con esmero. Son mis mejores trofeos. Tu sonrisa la llevo colgando en la garganta, y aunque a veces me asfixie al recordarla, lo llevo bien porque me ha ayudado a iluminar la senda sombría por donde ahora voy. Mis ojos se los robó Tita la primera vez que la vi. Como no he podido voltear a ver a otra mujer, creo que aún es dueña de ellos.

Me he titulado ya, y aunque casi nadie lo sabe, tú fuiste la primera en enterarte. No estuviste presente en la presentación de mi examen profesional, así que no podría decirse que fue un logro. Llevé conmigo durante toda la ceremonia el anillo que hubiera marcado nuestro compromiso. Al final lo tiré a la basura. No tenía caso conservarlo. Tú no volverás. Pero no te preocupes, sí que ha habido un logro. He terminado la edición de mi primer poemario. Quizá te alegre saberlo. A mí me entristece saber que no estarás para leerlo. Había metido dentro algunas cartas para “nuestra” hija, pero decidí retirarlas cuando partiste. ¿De qué iban a servir? Ya ha pasado algún tiempo y la niña quizá ya ni recuerde mi rostro.

Recuerdo que te preocupabas mucho por el futuro. Querías lo mejor para la niña y por eso te alejaste. Pensaste que una persona como yo no podría hacerse cargo de una familia. Incluso me lo echaste en cara: “no puedes ni hacerte cargo de ti”. ¿Recuerdas? Quizá, y sólo quizá, por primera vez te equivocaste. No puedo decir que soy la persona más rica del mundo, pero comida no me falta, la mensualidad del gimnasio siempre es pagada a tiempo y mi cuenta de ahorro crece cada día más. No es mucho, pero, en efecto, puedo hacerme cargo de mí. Imagina si me hubieras dejado ponerle empeño para hacerme cargo de alguien más.

En fin, no planeo hacer de esto una misiva llena de quejas. Es, mejor dicho, una nota con algunas cosas que nunca pude decir, como que me jodía tu comportamiento tan distante cuando estabas en tus días, pero amaba con locura tu manera de disculparte con miradas. No me gustaba mucho que fueras tan descuidada con tu aspecto, pero debo decir que me enamoré de tu naturalidad. Siempre me gustó tu rostro sin pizca de maquillaje. Tu voz a través del teléfono suena mucho más sensual que cuando hacíamos el amor. Es verdad que no tenías un cuerpo que pudiera ser envidia de alguna mujer, pero no sabes cuánto amé las estrías que te surcaban por el vientre. Me molestaba tu falta de tiempo para responder un simple mensaje de dos palabras, pero lo compensaban todas y cada una de las imágenes que me mandabas con frases de amor.

En resumen, no eras la mujer perfecta de este mundo, Vanessa. Pero eras la mujer perfecta para mí.

Joel Estrada

Publicar un comentario

0 Comentarios