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| Imagen: f-covers |
Hoy me preguntaron por ti y créeme que la realidad vino a explotar mis burbujas de jabón. Apareciste en pequeños destellos de luz iluminando mi mirada; pero a la vez apagándome el alma porque te llevaste esa magia de hacer de un aguacero el momento más romántico y efímero de los instantes con tu ganas de ser y no ser, con tus rebeldías porque extrañabas la comida de tu madre y los pequeños abrazos de tu hermana cuando tiene miedo.
Recordé que alguna vez me derretía pronunciarte, sentir las cuatro primeras letras de tu nombre era tocarte con mi voz, y el resto… Ya sabes que reposa sobre mis manos cuando me deslizaba en tu piel. Aunque cambiamos, sólo podemos ver lo de afuera; mas nunca se muere lo de adentro y de vez en cuando que me buscas, sé que nada fue en vano, pero desde aquella vez que dejé de nombrarte: Se fue todo.
Quise escribirte, te prometí que cada letra haría de tu despedida algo más fácil de llevar. Pero no soporto que vuelvas cuando te atrapan los días lluviosos sin café o unas manos heladas para calentar. Cuando me preguntaron por ti fijé la mirada en esa calle que da para tu casa y respondí que ya no sabía caminar hacia ti, pero que siempre volvemos a los sitios donde amamos la vida; no siempre de manera física, pero volvemos y yo volví a ti, aunque no estés, aunque nunca estuviste y nunca estarás.
Daniela Arboleda




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