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| Imagen: metrafire |
Poco a poco la brisa del viento cae justo en tus mejillas; todo se ve más lento, el sonido de las aves parece ir acorde con tu sonrisa, la cálida mirada que me lanzas cuando estoy distraído, esas manos suaves sin tanta monería, la clara verdad que sale por tu boca, esos pensamientos que encajan perfecto con los míos.
28 minutos
Tu sonrisa brilla cada vez que lanzo un suspiro; tus mejillas, ese implacable rojizo, una combinación de ternura con inocencia. Tu cabello toma impulso para dar lugar a tu rostro (perfecta ocasión para acercarme). Siento cómo tu mirada controla cada músculo de mi cuerpo, te apoderas de mí sin permiso, y eso es impredecible.
27 minutos
Me lanzo al vacío, cerrando toda clase de conclusiones; mis manos toman control del asunto, asunto que no es más que el tiempo y tú. Mis labios se acercan a tu oído, susurran piedad ante tanta majestuosidad. Tu respiración fluye tan rápido que siento cómo rompe la velocidad del sonido.
26 minutos
Han pasado tres minutos y con éste ya son cuatro, pero parece que fueron horas, o tal vez desaparecimos del mundo real y fuimos a ése mundo, el mundo del nunca jamás. Tus brazos encierran mi cuerpo; no puedo evitar sonreír, no tengo nada que decir. Las palabras sobran cuando están los corazones apunto de unirse, no se puede evitar.
25 minutos
Parece ser que la sinceridad se apodera de mi cuerpo. Trato de calmarme pero, para ser sincero, necesito mirarla a los ojos, ésa mirada que entra al alma y se apodera por completo de mi cuerpo. Entro en un estado de alivio, sin explicaciones, sin tentaciones; me encontraba justo tan cerca de ella que podía escuchar su corazón.
24 minutos
No podía evitar poseer sus labios. Todo fue tan lento. Mis labios hacían juego con sus mejillas; ella cerraba los ojos y parecía como si nunca los abría. Sus labios sabían a esperanzas vivas construidas justo a mi medida. Evitar ese beso era como evitar que el Titanic choque contra el iceberg. Juntamos nuestros pensamientos y lo hicimos a la perfección.
23 minutos
Ya casi eran las seis de la tarde, pero no quería soltar a esa musa de labios perfectos, de mejillas incandescentes; pero siempre se tiene que despertar. Nuestros cuerpos fueron uno sin tocar más que nuestros labios. Despertamos de lo que no se quería despertar, separamos al cielo de la tierra; todo fue tan lento, que ni me di cuenta de la hora.
10pm
El tiempo había volado, pero nuestros corazones seguían juntos y cada uno tenía que regresar a su mundo, a su vida; nos despedimos cual dama despidiendo a su caballero. Prometí que regresaría, y aquí estoy, junto a ella. Todo sucede lento pero sin pausa.
Kaizen
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