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| Imagen: favim |
Los mismo locos que una vez se vieron y se tocaron hasta las raíces. Se perdieron entre un para siempre que sólo existe en los microcuentos. Se mezclaron entre la bondad y una pizca de rebeldía en sus dos corazones. Pero eran felices. Lo eran.
¡Dios! Si hubieran visto cómo se miraban, cómo besaban sus bocas como si estuviesen dando clases de comerle la vida alguien, los miedos y el dolor. Si hubieran visto cómo tocaban las yemas de sus dedos haciendo pucheros por más calor de lo normal. Si hubieran visto cómo hacían que el sol y la luna se tocaran por primera y no última vez.
Hubieran visto cómo los segundos se convertían en diminutas eternidades, cómo las personas que envidiaban sus abrazos y esas almas tan descaradamente unidas, lloraban a mares por no tener un amor como ese par de locos.
Sí, locos les decían, como si no hubiera algo más loco por el cual morir. Una par perfecto, que hacía hasta lo imposible para que las etiquetas no aparecieran nuevamente.
—¿Son novios? —reí.
Ellos no podían llamarse algo tan poco para el gran amor que se regalaban al mirarse. Las travesuras que ambos hacían en sus espaldas y cómo se reían. Cómo sus labios sabían a esas ricas carcajadas que damos cuando no podemos sostener la felicidad.
Ellos no eran novios.
Tampoco amigos.
Quizá mejores, pero los mejores en arriesgarse, en probar lo prohibido y nunca, pero nunca rendirse. Eran los mejores en tomarse de la mano y aparentar una vida perfecta. Aunque una vida perfecta fuera muy poco para lo que ellos tenían. Era una vida llena de posibles que parecían imposibles para muchos. Ellos lo podían todo y eso era lo más bonito. Que nunca miraban hacía atrás. Que creían en ellos mismos y que sabían que siempre…
...Fueron. Son. Y serán: Un perfecto enredo que la da más sabor a la vida.
Juliette



