![]() |
| Imagen: go4photos |
"¡Qué semana!"
Es una manera de resumir ese pequeño cúmulo de errores que termina en unos minutos.
Muchas veces me he preguntado si existe un punto donde el presente y el pasado puedan mirarse sin que exista rabia o rencor, porque a decir verdad, escribir cuesta cuando el cuerpo pesa un poco, y hoy no es la excepción. Muchas personas me harán reclamos cuando termine esto y lance la tecla enviar. "¿Para qué darle tanta importancia?","¡Dejá ir eso!", entre otras groserías. Pero tengo dos formas de exorcizarme para empezar a soltar: Escribir y llorar.
Recuerdo muy pocas sonrisas sin dolor esta semana. Bendito sea aquel que descubrió el vínculo de la amistad; ha hecho que muchas personas aún no demos el brazo a torcer. Para no alargar más la historia, sé que esta entrada lleva como título "limón dulce" —pero de dulce no tiene ni jota—; la verdad, me ha hecho sentir la cara llena de agua salada. Resulta que el amor es esa sustancia que provoca alucinaciones y a la vez, muy literalmente, te desprende el corazón. Sólo bastaron tres meses para que este personaje soñara con infinitos que a la larga se convirtieron en otra historia para el baúl de los recuerdos; hasta por la cabeza pasó vivir en otro país, los dos, como dos enamorados furtivos amantes del frío y los perros; pero ni un café logró hacerme, no quiero imaginarme el resto.
Como los mejores amantes, nos alejamos y hoy, todavía me pregunto si alguna vez tanto amor fue cierto porque los seres humanos tenemos esa capacidad intrínseca de seguir el juego hasta ver al enemigo caer, o a nosotros mismos sin darnos cuenta. Fue como un limón, de esos que combinas para todo, pero a los que les pierdes el jugo de inmediato porque está para todo, aunque debo reconocer que en su momento, irónicamente, me endulzó la vida. Quiero hablar sin que duela, pero es difícil no recordar esto y pensar en un pequeño fragmento del "olvido" que seremos, libro que siempre me romperá y curará.
Escribirle a un paradigma, es probablemente el resumen de aproximadamente otros tres meses esperando algo que nunca llegó y que busqué para mínimamente poner punto y coma, o unos puntos suspensivos como habíamos quedado. ¿Cómo le escribes al reflejo de tus errores, aciertos y virtudes, si a fin de cuentas nunca existió? Aunque para Faciolince su padre existe como ese amor divino por el que lo prefirió a él antes que a Dios por encima de todo, yo no puedo decir lo mismo. Yo elegí mi vida antes que una persona quebrada —pero creo que al final también salí quebrada— que nunca sacará esa furia del pasado y posiblemente en veinte años su cabello no será blanco por la sabiduría de los años, sino más bien por la ira acumulada con la vida.
Cada persona que entra y sale por esa puerta vieja que se define como mi vida, deja una huella que sólo podrá ser borrada por ella misma, o en ciertas ocasiones, por mí. Me atrevo a decir que he cerrado la puerta a situaciones que me dejarían más lúcida, pero llegar a la lucidez es un dolor paulatino que rara vez se vive, pero que alimenta esa libertad privatizada. En esta historia vi la lucidez, entre un limón dulce, agrio, frío, seco, y al final muerto, porque morimos entre tantos vacíos. Ahora me pregunto qué dejé para mí y qué se fue con esa sonrisa más quebradiza que mi cabello; luego viene esa gran frase de Cerati: "Poder decir adiós es crecer", y se me pasa la vida por delante, diciéndome que deje de traicionar a mis caminos truncados, que más crímenes sin solución vendrán. Ahí agradezco el poder de la música, siempre disponible para echar raíces sin dolor.
Perdí tal vez muchas cosas, entre ellas el sabor de un beso con sabor a menta; pero le gané a los coletazos de cafés vacíos. En el fondo sé que algo de nuestra historia quedó ahí, en ese paradigma que llevará por nombre "Limoncito", pero que tuvo que mutarse y pasar a ser memoria y olvido. Así que si en algún momento el dueño de esta historia llega hasta aquí, no quiero pedirle perdón, mucho menos agradecerle, sólo puedo decir: "Es el turno de que escribas nuestra historia, lo que nunca vas a decir y las canas que nunca te saqué, porque yo no venía cargada de odios, yo venía con libros y flores a adornar las ruinas de nuestra vida".
Y como al final de todo, un café pendiente viene para la próxima.
Daniela Arboleda



