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| Fotografía por: Dani Oshi |
Así era él, un sol radiante en otoño, un invierno alegre y todos los mares del mundo colgados entre los dientes. Así era su boca; un arcoíris luminoso, una aurora boreal en el pecho y todos los besos del universo, como dije, de plata en los labios. Así era él, tan locuaz, tan noble que no necesitaba ningún premio para seguir avanzando, tan sincero que asesinaba a las abejas de la hipocresía de un suspiro. Era la plenitud de una tempestad con nombre de mujer, era la calma de las tormentas de mis piernas y la primavera de las bragas de mi corazón. Así era él, no perfecto, pero sí casi, no efímero y sus defectos eran los músculos de su carácter, el abdomen de sus virtudes. Así era él, tan sencillo que la exuberancia quedaba pendeja cuando lo observabas caminar y llovía escarcha. Así siempre fue él, la llave de todas mis puertas, la cerradura del pasado, la marea alta de mis sentimientos. Él, lo llamo Noviembre porque fue cuando nací aún estando ya muchos años fuera del vientre de mi madre, lo llamo tantas cosas, para bien o para mal. Lo he llamado error, acierto de mi vida, sinónimo de amor. Lo he llamado odio, ratonera humana, bilis, mi adicción y mi abstinencia. Lo he llamado semen y esperma, sudor excesivo, pecho duro. Lo he llamado gordo, capitán, navío de mi vida, lo he llamando tantas veces y en todas me ha respondido la ausencia, me ha herido el corazón la nostalgia con sus uñas y me ha escupido en la cara la idiotez de esperar por alguien que ya no está. Su piel la he visitado en mis sueños, su boca la he acariciado con mis dedos en las noches de alucinación extrema. Los recuerdos son bonitos hasta que tocas uno que es negro como el alquitrán y quema, que es muerte, que es sepulcro eterno en el cementerio de la melancolía. Así era él, la naturaleza de mi piel, la zoología de mis madrugadas apasionadas. Él era tantas cosas, tantos momentos, tantas fotografías, un montón de años que aún miro como si fuera ayer, un sinfín de besos que aún tienen diversos sabores y una vida que viví sin saber que vivía.
PaoH



