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| Imagen: lonelymetropolis.com |
que todavía te lloro cuando no te huelo en mis sábanas,
que todavía sonrío en esa esquina, porque me recuerda a esos besos callejeros que nos robábamos,
que todavía siento la ausencia de tus manos frías,
que todavía mi cuerpo me echa la culpa de ya no ser tocado,
que todavía me falta el aire cuando te veo a lo lejos,
que todavía espero tu mensaje,
que todavía se me eriza la piel al pensarte,
que todavía sigues aquí metido,
porque cuando te fuiste dejaste la puerta abierta en invierno;
ya estamos en verano y sigo teniendo frío.
Porque cuando te fuiste aquella tarde de diciembre,
cerrando cada ventana con un beso,
con un adiós al oído,
con un te quiero en las rodillas,
con una esperanza atorada en la garganta,
te fuiste, pero no del todo, ¿sabes?;
te fuiste un poquito el martes,
pero regresabas a la medianoche el jueves,
tomaste tu libro de mi mesilla a las 11:34 am,
pero dejaste tu café humeando a las 15:56 pm,
y desde que te fuiste el reloj ya no avanza,
ni la puerta suena igual,
ni mis dedos escriben de la misma forma cuando tú estabas.
Ya van 3 meses desde que vi tus ojos sabor café,
y yo me rompo a llorar en silencio cuando alguien te menciona,
todavía no te saco de aquí dentro,
de mis letras,
de mis canciones tristes,
de mis libros polvosos,
de mis vestidos con colores,
de mis labios secos,
de mis piernas cortas,
de mis esperanzas robadas,
de mis guerras perdidas,
de mis logros vencidos,
de mi cabeza,
de mi soledad,
de mi insomnio,
de mi vida.
Paulina Mora



