Con una incertidumbre que no me deja dormir en las noches, que me rompe y luego no encuentro las herramientas para volver a construirme. Sí, yo sola.
Ese maldito miedo de perderte en brazos ajenos; de un día verte con alguien más sosteniéndose las manos y callando una mirada de amor entre ustedes.
Mirándose como si compartieran el secreto más maravilloso del mundo.
Miedo que se me mete en las entrañas, me corta los pulmones y me deja sin aire; y aún peor: con una histeria inútil de mantenerte conmigo en la deriva.
De no ser lo suficientemente buena para ti.
De no poder recoger tus lágrimas cuando me necesites.
De ser la segunda opción entre tus dedos de porcelana.
De ser una extraña después de algunos años que sólo tenemos en común algunos recuerdos olvidadizos.
De ser....
O de dejar de ser.
Siempre voy a vivir con ese miedo, porque mira, cuando uno ama, y ama de verdad, los miedos se convierten en personas.
Paulina Mora



