anda descalza, tiene mala suerte.
No se para en los semáforos en rojo,
bebe vino blanco, se pone perfume
en las braguitas, saca el humo despacio
para que se fijen en sus labios, se pinta
las uñas de rojo y los labios de granate.
Baila despacito cerrando los ojos y
escucha rap cuando se queda sola y
sonríe escuchando gemidos ajenos.
Nunca baja las persianas, da la nota,
da el pego.
Mata a la distancia, tiene gato, no tiene
planes de futuro, pasa de los horóscopos,
disfruta más las cosas a escondidas, manda
fotos guarras, lleva calcetines altos, bebe
los martes, y los jueves. Flipa los viernes.
Se regala a las 03:33, improvisa faldas,
se fuma los qué dirán, se desnuda con
“Marvin Gaye” y la BSO de “Pulp Fiction”.
Qué coño, se desnuda con lo que suene.
Bebe ron-cola aunque le dé la risa, se
folla a los ex en la cabeza, le hace el
amor a los poetas, se la chupa a la vida,
pierde la ropa interior, se ducha con el
agua hirviendo, llora en los ceniceros.
Traga gotelé, se masturba en autocares,
se corre en baños públicos, sola.
Pide medianas “estrella”, dispara
a vaqueros, se pierde en los coches, es
la película perfecta antes de ir a dormir.
No le tiran flores, se las colocan encima.
Se tatúa por venazos, folla en balcones,
se graba con sus ligues, se pone ligueros,
guiña el ojo, tuerce la sonrisa, muere de risa,
ríe de amor, le canta a la luna, llora en los
trenes, se duerme en tacones, lee en los bares
y cuando espera el bus, baila siempre sola.
Joder, y aún así…
No ha conseguido que el único poeta
al que se ajusta su métrica ponga una posdata
que empiece con un “ven” y acabe con un
“y te quedas”.
Julia Blow



