![]() |
| Imagen: picjumbo.com |
Esta mañana, por cortesía de la memoria, me he visto nuevamente envuelta en tus brazos. Es difícil, créeme, aceptar la incertidumbre de lo que pueda suceder más adelante si te empeñas en seguir lejos. Ya me enteré de que dejaste la ciudad con el orgullo y el alma herida, huyendo de una vida que quizá ya no te ofrecía nada. Ningún plan resultó como lo habíamos imaginado, y tal vez ahora pienses que soy una cobarde por no decir nada, por dejarte ir como si no me importases. Si me odias, no te culpo. Yo también he aprendido a odiarme por no haberte dicho nada para que te quedes.
Ahora me doy cuenta de la fragilidad de las cosas y de lo mucho que puede cambiar una vida en cuestión de horas. Cómo no echarte de menos, si me has acostumbrado a tu calor y a ese aroma celestial de las promesas. Y eso también me ha dado vueltas en la cabeza, el hecho de que te hayas empeñado en mirar al futuro sin poner bien los pies en el presente. Pero soy la persona menos indicada para reprocharte cosas porque no soy perfecta, y he cometido muchos errores. Errores de los que probablemente hoy estoy pagando el precio.
Ahora los días van y vienen, como las malas noticias. Hace poco me enteré de que antes de partir me escribiste una carta que terminó en las llamas, al igual que lo único bueno que teníamos juntos. Tal vez pienses que todos quienes ahora te esperamos, en algún momento, te hemos traicionado. No sé lo que te dijeron, ni quiénes te lo han dicho, ni mucho menos —y esto es lo que más me duele— por qué les creíste. Lo que tengo en claro es que te quiero, aunque no te importe. Si no te conociera diría que conservarás esta carta, pero sé que terminarás quemándola y a mí me echarás al olvido. A pesar de todo, no te culpo, pero las cosas no se solucionan con fuego, si eso piensas. Yo sé que lees lo que te escribo y que ruegas por que deje de hacerlo sabiendo que eso no pasará nunca. Yo sé que el fuego de la inseguridad, la soledad y la nostalgia te consumen por dentro y el odio que sientes por ti mismo terminará matándote antes de que tus sueños terminen de abandonarte. ¿Sabes algo? Si quieres morirte, muérete, pero no me pidas que te olvide.
No me importa ya el tiempo que pases lejos ni las cosas que hagas para intentar olvidar el mundo que dejaste, un mundo en el que estoy yo con las puertas abiertas y la esperanza encendida del deseo de volver a verte. Espero que intentes ser feliz y que, sobre todo, encuentres lo que buscas. No te pido que respondas mis cartas, ni que las guardes, sólo te pido que no me olvides porque a mí, para mal de mis pesares, se me ha dado por recordarte siempre.
Beatriz Allca



