Los sentimientos me han migrado

Los sentimientos me han migrado


¿Qué ha quedado de mí?, me pregunto. Y es que, la verdad no he podido realizar un análisis exacto de los extractos que han quedado de mi ser en mí, esos que no pudiste llevarte, o bien no quisiste hacerlo. Hasta donde sé, me encuentro vacío, seco, inhóspito. Soy un paraje similar al desierto, desolado e imposible de habitar. Quizá por eso los sentimientos me han migrado. Lo último que supe de ellos es que estaban en el otro lado de tu cama, mirando cómo rehacías tu vida y la entregabas a otro que no era yo. Luego murieron, me enteré por ahí. Decidieron colgarse de la sonrisa que ocupaba tu rostro cuando me veías.

Desde entonces nada habita en mi interior. Soy una caverna oscura y fría, sumida en el fondo de un océano que ya no existe. Un teléfono de disco, empañado por el peso del tiempo. Ni siquiera sé con certeza si sirvo para algo. Pero me gusta la metáfora. Quizás es que la imagen me despierta el deseo del reencuentro con algo. Tengo la esperanza de que si llamo a cualquier número al azar y espero pacientemente, cabría la posibilidad de reencontrarme con todo eso que me robaste. No digo, con esto, que quiera recobrar mi vida. Tú te la has llevado, y yo soy demasiado grande para creer en cuentos de hadas. Lo que en verdad deseo es encontrarle un sentido a esta vida perdida. No tengo idea de cómo o por qué la he perdido. Me gustaría descubrirlo. Si tan sólo lograra averiguarlo, poco me importaría degradarme todavía más. No sólo eso. Con mi condición actual, ignoro cuántos días más me quedan de vida, sin embargo seguiría avanzando cargando sobre mis hombros el peso de tal descubrimiento.

Joel Estrada