La respuesta no siempre es escapar

La respuesta no siempre es escapar

Imagen por: silver moss
Hace tiempo que ya no miro el reloj, ni abro las ventanas. Hace tiempo que ni siquiera lloro, ni rompo fotografías, ni despierto a deshora. Todo parece el espejismo de una vida más tranquila, más liviana. Y terriblemente vacía. Siempre ha estado aquí: el silencio. El maldito silencio que lo distancia todo y distorsiona las palabras. He llegado al punto de querer regresar al encierro de antes, porque antes, aunque había razones para irme, podía reconocerme en las cosas tristes. Hoy ya no, ni siquiera puedo mirarme al espejo sin sentirme un completo desconocido. Quiero tener lo de antes, hoy todo esto me parece innecesario. No estoy triste, pero tampoco feliz, y si lo estuviera, aquello no me tendría lo suficientemente ocupado como para no darme cuenta de que estoy en mitad de un desierto, y que ser feliz no tiene sentido si aquello no es lo que buscas, si no lo sientes como el hábitat perfecto para tus demonios, o tus ángeles, o todo lo que tienes encerrado adentro, donde nadie mira. Qué curioso, tanto tiempo queriendo escapar y ahora que lo he logrado deseo todo lo contrario. Volver para reencontrarme con esa vida indeseable sólo porque en ella encontré un sentido. Volver para reconciliarme con la soledad, y para hacer las paces con la tristeza. Volver y que mis miedos me reciban con los brazos abiertos; volver como aquel que admite después de tiempo que jamás debió marcharse. Regresar a mirar las mismas películas, reencontrarme con esos libros que me aprendí de memoria de tanto leerlos; volver a los insomnios dedicados a nadie, a las canciones tristes, al sinsentido que es mi vida. Seguramente nadie logre entenderlo. Pónganle el nombre que quieran, poco importa. Yo lo llamo masoquismo y necesidad de sentir algo. No me queda esta vida sin problemas, sin cuestiones por resolver. Quiero lo de antes, porque he comprendido que la respuesta no siempre es escapar, sino aprender a ser parte del desastre.

Dashten Geriott