La nostalgia que impera entre nosotros,
un tétrico final para un amor tan roto.
Roto
porque preferimos
amarnos a golpes,
querernos con locura,
hacernos daño,
jodernos la vida,
y luego,
lamernos las heridas.
Éramos un amor de los que hieren,
de los que duelen más que quieren,
de lija y terciopelo,
cortante según cuándo.
Y no sé, quizá fuese
por la dulzura de sus mentiras,
por el dolor de sus labios,
por la historia de nuestros fracasos,
por todas las huidas hacia su cama,
porque amamos el drama,
¿qué sé yo?
Todo ha pasado demasiado deprisa...
las subidas y caídas,
que abrigan el hastío del frío,
pero no su corazón gélido;
me enseñó que el hielo también quema,
y que él era peor que cualquier infierno.
Ángela Monzón