Hablar de seres humanos

Hablar de seres humanos

Imagen por: Fernando Robuschi

Hablamos de inmigrantes. Hablamos de refugiados. Hablamos de la población siria. Hablamos de las masacres. ¿No sería momento de empezar a hablar de personas? ¿No sería mejor hablar de seres humanos?
Cada día que pasa me doy cuenta de cómo los países occidentales vivimos en una especie de burbuja de la que muy pocas veces salimos. Vemos en el telediario, si es que lo vemos, situaciones de extrema pobreza, muerte, asesinatos y miseria y pese a eso nos limitamos a quedarnos mirando la televisión haciendo algún comentario de “no hay derecho”, “pobre gente”, mientras removemos nuestro café, acabamos de chuparnos los dedos o nos tapamos con una manta en el sofá. Y de ahí al olvido hay tan sólo una simple línea. Vivimos rodeados de millones de objetos que ni siquiera son necesarios. Seguimos consumiendo porque hay algo nuevo que necesitamos o creemos necesitar en nuestro intento de rozar con los dedos la felicidad sumida en la idea de que el poder es tener y que el tener da siempre más razones para ser felices que el no tener.
Es triste ver cómo nos limitamos a mirar ligeramente al lado de los que no tienen y pese a eso son felices. Miramos de refilón, ¡no vaya a ser que nos vean mirar! Y a los dos minutos continuamos sumidos en una conversación de WhastApp, inmersos en retocar una foto de Instagram esperando recibir un sinfín de “me gustas” y preocupados por problemas al alcance de tan sólo unos pocos.
Qué patética es la vida, ¿verdad? Nos quejamos de vicio, nos quejamos de más cuando nuestros motivos llevan la etiqueta del menos. Vivimos esperando que la vida nos sonría cuando no para de guiñarnos el ojo. Hay gente muriendo a tan sólo unos kilómetros de aquí, pero qué más da si no oigo las bombas caer, si los llantos sólo están en la televisión y si yo no tengo miedo, ¿no?
Ojalá de repente un día nos levantemos queriendo mirar a la vida de frente, pidiéndole que deje de guiñarnos a nosotros el ojo y que mire más allá de la burbuja, porque sí, aunque cueste, aunque duela, el mundo no es sólo nuestro mundo, es también el lugar donde la gente sigue matándose, donde el hambre reina en muchas cocinas y donde hoy sigue existiendo un niño que le llora a una guerra que le quiere quitar la vida.

Sara Prior