Fui todo, y a la vez nada

Fui todo, y a la vez nada

Imagen: minipete
Hoy quiero ver algo más que un reflejo en el espejo. Supongo que son mis ojos desorbitados y aquella añoranza de un tiempo anterior.
Tal vez no se cuelen las historias y mucho menos se entrelace la vida, pero hoy siento que el simple hecho de levantarse ha dejado una huella imborrable para el día.
Y es que es imposible olvidar los primeros días de escuela, la pesadilla que un día se volvió mi hogar. La risa noctámbula de las primeras ojeras cuando no sabía nada de la vida, una palabra que pudiese dibujar mi vida… Cuando aún ni podía diferenciar las letras de mi nombre.
Todo se volvió un ir y venir: una parte que se quedó atada a la parte trasera del tren, una parte que naufraga entre las primeras veces que acepté ser humana. Todas las partes que fueron mi adicción, la locura de revindicar la sociedad y ni siquiera sabía cómo carajos hablar en público.
Al final los besos en la frente de papá me enseñaron la torpeza tierna de ser una cursi demente que soñaba con algo más que un deseo de Navidad, ésa que buscaba en la luna un premio de consolación cuando las cosas no marchaban bien. Fui todo…, y a la vez nada.
Pero hoy el espejo produce una satisfacción de ser lo que alguna vez quise y se quedó en libros, conversaciones a media noche, las primeras veces que fui yo sin ser algo, la chiquilla de mamá y la adulta que nunca imaginé ser.

Daniela Arboleda