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Ahora que ha pasado el tiempo y veo las cosas con más claridad y desde otra perspectiva, me doy cuenta de que nuestro gran error fue culparnos el uno al otro por lo que pasaba; ninguno tuvo la inteligencia ni valentía necesarias para asumir la responsabilidad de sus actos y aceptar sus culpas. Mis errores fueron idealizarte desde un principio, creer que eras más maravilloso de lo que en verdad eres, precipitarme y establecer una relación contigo, no ser más paciente frente a tus creencias e ideales, encerrarme en mí misma y negarme a retroceder o dar un paso atrás, creer ser la victima cuando era tan culpable como tú de nuestros problemas. Tu fallos, pensar que podías cambiar mi forma de ser, proyectar tus frustraciones y desengaños pasados en mí, darte el privilegio de insultarme de la peor manera cuando estabas enojado, exigir un lugar frente al mundo cuando ya lo tenías ante mí, aunque no te fuese suficiente… Nos quisimos, es verdad, pero mal.
Aún guardo un mensaje tuyo, no uno de los bonitos donde me decías que me querías y ese tipo de cosas, sino uno en el que me ofendes y denigras hasta el punto de llamarme puta. Al principio lo conservé para recordar las razones por las que no debía buscarte, luego me fui sobreponiendo y lo dejé sólo para no olvidar que el amor, sobre todo el verdadero, también duele, y que no debo dejar que las cosas lleguen a ese extremo para hacer algo por salvar una relación o terminar con ella.
No te pido que olvides lo que pasó entre nosotros porque ni yo misma podría hacerlo, contigo aprendí muchas cosas que espero me sirvan para la vida y mis futuras relaciones, sólo quiero que por favor superes lo que sucedió, que trates de pasar página y ya dejes de hacer todas esas cosas que no te llevan a ningún lado, porque lejos de afectarme, lo único que logran es que me decepcione cada vez más y más de ti.
No quiero que la siguiente persona que llegue a tu vida tenga que pagar por mis equivocaciones y desaciertos como lo hice yo por las que me precedieron. Déjala ser, déjala estar, déjala actuar, déjala sentir, déjala pensar, déjala tal y como es; jamás intentes cambiarla, y cuando sientas que realmente ella no es tu persona ni lo que tú esperabas, déjala. No repitas la historia, no te hagas daño, no la hagas sentir a ella poca cosa o que no es digna de nada ni nadie como me sentí yo en algún momento…
Luego, espera el tiempo que sea necesario para sanarte y reconsiderar las cosas, cuando te sientas listo y te creas capaz de entregarte y aceptar a alguien como es, ve por la siguiente; si te equivocas, sólo vuelve a intentarlo, y así hasta dar con la adecuada. Sé que tienes mucho amor para dar y un corazón inmenso que cualquiera desearía habitar y hacer suyo. Yo, por mi parte, seguiré en el camino; ya sabes, equivocándome y aprendiendo, tratando de vivir de la mejor forma posible.
Eternamente pensaré en ti con cariño.
Karina Montero



