No te he dicho nada aún, pero mientras conversamos, sé que me estás amando; nos hemos derramado muchos te quiero sobre la mesa, la barra, la cama, el carro y en aquel hotel; y no sabes cuántas veces, en este último mes, mi reloj te exige a tiempo completo, siempre deseándote donde estés.
Y éste soy yo, aceptando lo inapropiado, lo difícil, que ya parece ser parte de mi vocación que siempre anda buscando en lo más complicado “una inspiración”, marcando la diferencia entre artista y audiencia, película y comercial, entre lo regular y la locura fuera de lo normal. Censurándole a tu corazón el olvido, con mi granito de arena en tu vida, muy valioso, muy diferente y valiente como esas cosas que haces para estar conmigo.
Me has hecho falta tantas veces y el premio de tenerte en mi vida no me es suficiente, el corazón siempre exige más. Realmente he visto que tienes eso que anhelaba de una compañera; he visto también mis pensamientos marchando a ti, consolando tus sueños y viéndome en tu patria algún día.
Estoy a punto de decir algo valioso y todavía estoy callado porque tengo que conciliarme con tu libertad…, y tu situación. El pensamiento de ser indispensable cada día y todo lo que produce nuestra compañía, te anticipa que mi vida no vende noticias ni niega espacios, afirmándote que no te quiero para un rato, que ya has avanzado ese te quiero a eso que tanto has anhelado, y éstas son sólo las consecuencias de lo que un día lúcidamente empezamos.
Tendrán que ser enormes nuestros corazones para hacer lo que hacen, sin dejar de ser ellos mismos. Fin de semana, mientras busco un lugar donde sentarme, encuentro que el pecado cuando se descubre es más sano, ya no afecta, por lo menos en nuestro sitio favorito donde después de un tiempo hemos ido viendo cómo crece nuestro amor.
Jon Contreras



