El cielo no es el mismo sin ti... He tomado muchos rumbos, lo sabes; desde huir a otra ciudad por miedo a un amor, hasta estar aquí sin el tuyo. He tenido que bajar la mirada un millón y cinco veces más, pues la luna me recuerda lo imbécil que fui a tu lado, dejar que por unos rayos de ti, me quemase. Está bien, te amaba, cualquiera que llevase cargando un amor como el tuyo me entendería. No por las espinas que dejaste dentro de mi cuerpo te voy a decir que no te extraño.
¡Dios mío, Juliana!
Te extraño como aquella vez que demoraste en salir de tu casa, te extraño como aquellas noches que le conté de ti a las estrellas; pero sobre todo. te extraño como una vez me amaste. Sí, así de tonto; porque no volverás, porque si vuelves me vas a matar, darás el golpe final a mi existencia, entonces esta vez no sabré cómo alejarte, cómo salvarme y cómo dejar de amarte; no habrá cielo donde refugiarme ni agua donde lavarme las heridas...
Por eso, Juliana, el cielo no es el mismo sin ti, a veces le veo más estrellas, a veces por casualidad veo pasar una estrella fugaz pero no tengo deseos ahora. Te desearía a ti, pero ya sabes, me quitarías todo lo que hoy tengo. Sí, no tengo mucho, pero me quedaría sin nada, sin donde voltear cuando te estés yendo.
Si fuera otra vida, tal vez serías diferente, y no, no, no te confundas; así como eres, eres perfecta —quizás—. No te pido que cambies, pero quisiera que en vez de bajar mi mirada del cielo, te acostaras conmigo sobre el césped rodeado de girasoles, esos que tanto odiabas, que miraras las estrellas a mi lado, que disfrutaras de la paz que suelo encontrar en aquellos atardeceres que pasan sobre mi casa que antes era un hogar; quisiera que sonrieras por mi felicidad y que tú fueras feliz…, pero no. Te lo pedí, te pedí que fueras paciente conmigo; lamento si fui un romántico hasta hartarte, porque admito que de una u otra forma tengo culpa, pero es que tú no sabes qué misterios llevas dentro y qué poesía desprende tu aroma. No lo sabes Juliana. Y probablemente no lo sabrás hasta el día en que ames de tal manera que no te quede espacio en la tierra donde escribir sobre el amor, quizás hasta entonces podrás contestar mis cartas.
Carta a Juliana en 1955
(Parte 2)



