Ya estoy en la casa y tú aún no has llegado, se siente un vacío que me recuerda —como si hiciera falta— lo mucho que te extraño. Me asomo a la recámara y una risa tuya suena a lo lejos, tan tierna y traviesa como tu mirada. Destiendo la cama porque así tan estirada no me gusta, me recuerda que no has llegado a dormir. Y es que ante tu ausencia no he tenido más opción que entretenerme lavando trastes, sacudiendo muebles y tendiendo la cama, todo con la esperanza de no pensar en ti aunque sea por un rato; funciona, tal vez una hora, después me quedo sentada en el sillón con los cojines perfectamente acomodados y sin tu pancita para recargarme en ella. ¿Ya mencioné que te extraño? Saco una cerveza y recuerdo que se me acabaron los cigarros y claro, no estás aquí para ir a comprarlos así que involuntariamente me uno a tu campaña de dejar de fumar. Y me uno a tu cepillo de dientes que a veces sin que lo sepas hemos compartido, también a las dos cervezas que hoy no podemos tomar juntos, a la televisión que sin ti me aburre y a mi libro que es mi único escape para no pensar en ti y en que no estás. Cuento los días para que regreses, pero no te preocupes, que tanto has estado en mí que una parte tuya ya es mía y esa se queda acá, conmigo.
Te extraño.
Nuria Ocampo



